Me sorprendí al ver iluminado el rostro de mi joven juez:
– ¡Oh, es exactamente como yo lo quería! ¿Crees que se
necesite mucha hierba para este cordero?
– ¿Por qué?
–Porque en mi tierra todo es muy pequeño…
–Será suficiente. El corderito que te he dado también es
pequeño.
Se inclinó hacia el dibujo y exclamó:
– ¡Bueno, no tanto…! ¡Ah, se ha quedado dormido!
Y así fue como conocí al principito.
12