– ¡Por favor… píntame un cordero!
Cuando el misterio es tan impresionante, uno no se atreve
a contravenir. Por absurdo que aquello pareciera, a mil
millas de distancia de algún lugar habitado y en peligro de
muerte, saqué del bolsillo una hoja de papel y una pluma
fuente. Recordé que yo había estudiado geografía, historia,
cálculo y gramática y le dije al muchachito (algo
malhumorado) que no sabía dibujar.
–No importa, ¡Píntame un cordero!
Como nunca había dibujado un cordero, repetí uno de los
dos únicos dibujos que era capaz de realizar: el de la boa
cerrada. Y quedé absorto al oírle decir:
– ¡No, no! No quiero un elefante dentro de una serpiente.
La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho
sitio. En mi tierra todo es muy pequeñito. Necesito un
cordero.
¡Por favor, píntame un cordero!
Dibujé un cordero. Lo miró atentamente y dijo:
10