el newsletter de la camada 87 Julio 2014 | Seite 25

una experiencia muy enriquecedora, no sé si fue por eso, o por la edad, pero en aquella etapa maduré mucho y me volví más responsable, muchas veces me encontré a mí mismo parando un despelote en la clase porque se habían pasado de rosca con el profesor y el tipo estaba desbordado. A fin de cuarto año salí sorteado para la colimba y no pedí prórroga porque inocentemente pensé que iba a conseguir un acomodo y podría terminar quinto año a la noche. El padre de un amigo que estaba muy vinculado con los militares me dijo que me iba a conseguir un acomodo. En Febrero de 1988 desde la incorporación en la calle Bullrich nos llevaron caminando al Regimiento de Granaderos a Caballo, yo no tenía la menor idea adónde iba y caminaba en dos filas con un montón de flacos que hacían chistes tontos por los nervios que teníamos. Cuando llegamos nos raparon y empezaron a llamar a algunos por su nombre, yo estaba esperando que me llame un General como mínimo pero no me nombraron nunca, al rato empezaron a preguntar quien sabía plomería, electricidad, manejar camiones, tractores, cocinar, etc, y yo por las dudas no decía nada, esperando a que venga el General a buscarme. Cuando ya quedábamos todos los que no sabían hacer nada, y convencido de que nadie me vendría a buscar, apareció un sargento gordo y preguntó si