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En la laguna
Llegaron al amanecer.
No muy lejos del lugar donde Vianello y Scarpa habían encontrado la
muerte, el día antes, en una mañana de niebla.
La calle, oculta entre las plazoletas, de repente parecía interrumpirse
bruscamente y desaparecer tragada por una lámina de plomo. Detrás del seto, la
laguna estaba absolutamente en calma y se confundía a lo lejos con el cielo de
un color pálido, cargado de vapores y oculto por una bruma en movimiento.
—Por fin —suspiró Moses Conegliano—. Ya hemos llegado.
El rostro se le iluminó con una sonrisa serena. Tenía la frente ancha y dos
cejas pobladas que se movían cada vez que su cara cambiaba de expresión. Su
boca era grande y los dientes muy blancos. Bostezó y se dio cuenta de que la
tensión estaba desapareciendo y se sentía menos cansado, más activo, casi más
joven. El horizonte se abría frente a él. Sus ojos, al mirar a lo lejos, se volvieron
más oscuros y vivos.
« Para los que no saben mirar más allá, solo existen obstáculos —pensó y se
alegró, a pesar de todo, de haber emprendido el viaje—. Estar en Venecia será
una ventaja, incluso desde un punto de vista comercial. Los intercambios serán
más rápidos y directos, las ocasiones de obtener ganancias, mejores. Podría
llegar a ser un mercader influy ente y ampliar mi red de contactos incluso en
tierras lejanas» .
Miró a los suy os que iban en el carro: Davide dormía y, quizá, soñaba;
Gabriele tenía la habitual expresión resentida e infeliz. A Stella no se la veía, pero
se oía su voz delicada cantando una cancioncilla a Dolcetta, la hermana pequeña.
Un poco más allá, en los carros de las demás familias, los Todesco, los Cantarmi,
los De Leon, los Morpurgo, Isserles, Del Medigo, Basevi, comenzaban todos a
despertarse.
Se preguntó de nuevo: « ¿Habré hecho bien tray éndolos aquí?» .
Todavía veía frente a él el rostro pálido de Abraham de Leon, con los ojos
rojos y hundidos, los escasos cabellos despeinados.
—No puedo irme —le había dicho el amigo con voz débil, pero que no
admitía réplica—. Me gustaría, pero no puedo. No viviré mucho más. Por eso te