El libro de las desilusiones El libro de las desilusiones TEASER | Page 13
El libro de las desilusiones
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quisiera darme a entender su malestar por mi falta de delicade-
za, por haber traído a casa, sin pedirle permiso ni consultárselo,
un clon de Robertín, al que no podía ver ni en pintura, pese a
lo cariñoso que con ella se mostraba: mi caprichito y mi mujer
cantaban en el mismo coro, cruzaban alguna palabra cuando
salían juntas de los ensayos; el marido de mi caprichito, un
empresario de éxito que acudía cada jueves, religiosamente, a
recoger a su mujer, igual que yo a la mía, liberaba a Robertín de
la correa para que acudiera corriendo hacia mi caprichito pero,
en vez de ello, Robertín, quizá por esa ley del amor no corres-
pondido, acababa por enroscarse entre los tobillos de mi mujer,
quien (quiero pensar que por temor a que le ensuciase con las
patitas el elegante vestido de soprano) amagaba siempre con
propinarle un puntapié. Pero a mí lo único que me preocupaba
era dejar que pasase la tormenta e imponer mi voluntad, con mi
exitoso método de costumbre (no responder y aguantar con una
rocosa determinación pasiva, digna de Ulises), como finalmente
en efecto ocurriría en cuanto mi mujer se cansó de lanzarme
improperios de sirena y advirtió mi inapelable disposición a
dormir con el westie en el sofá el tiempo que hiciese falta. Eso
sí, en una condición tuve que claudicar: ser yo el encargado de
sacarlo de paseo y recogerle las cacas.
¿Qué otra cosa habría podido hacer? Si yo no hubiera acep-
tado su sugerencia de última hora, habría echado por tierra, sin
contemplaciones, la luna de miel que teníamos previsto celebrar
al día siguiente, fuera de la oficina, en horas de oficina. Ya la
iba conociendo. Si yo, esa misma tarde, no hubiera accedido
a hacerme el remolón a la salida del trabajo y a llevarme (a
secuestrar, casi) de copas a López, mi compañero de despacho
desde hacía treinta años y mi mejor amigo en la asesoría, además
del más intachable profesional que había en ella; si yo, entre
cañas y pinchos, no le hubiera primero insistido a López, luego