EL JUEGO INFINITO | Página 59

Michael desvió la mirada, y los ojos de la criatura volvieron a resultar visibles. A continuación el chico fue levantándose lentamente, apoy ándose en la pared que tenía detrás. De forma instintiva, adelantó las manos para calmar a la bestia, aunque sabía que eso no significaba nada para el antiprograma. —Abriré la puerta —anunció a los demás, susurrando—. Vosotros salid corriendo hacia ella. —Lo dijo sin pensar que el plan lo convertía en el último en abandonar la sala. Con may or probabilidad, sería la primera víctima del ataque. —Hagámoslo —respondió Bry son. Michael asintió en silencio. —Ahora. Corrió hacia la puerta y llegó al pomo justo cuando advirtió que el KillSim echaba la cabeza hacia atrás. Algo le indicó que Kaine estaba mirando a través de esos ojos amarillos y que le impresionaba ver que Michael y sus amigos no se habían quedado esperando, paralizados por el miedo. El chico cerró los dedos sobre el frío metal del picaporte y lo hizo girar; abrió la puerta de golpe justo a tiempo de que Bry son la cruzara a todo correr. Terribles gritos ensordecedores invadieron la atmósfera, y Michael percibió de soslay o el movimiento de una imagen borrosa cuando Sarah atravesó la puerta corriendo y luego lo hizo Ronika. Michael iba pisándole los talones. Echó una mano hacia atrás, agarró el picaporte y tiró de la puerta que tenía a sus espaldas. Le faltaban entre doce y quince centímetros para poder cerrarla del todo cuando algo se la arrancó de las manos y la desencajó de las bisagras. Michael echó a correr justo cuando Bry son y a había subido la mitad de los peldaños. —¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! —gritó Michael. Entonces algo lo atacó por el hombro derecho. Algo pesado y contundente. Lo tiró al suelo, y el golpe lo dejó sin aliento. Luchando por respirar, se volvió boca arriba y empezó a soltar patadas y puñetazos al enorme ser que lo aprisionaba contra el suelo. Dos luces amarillas lo miraban desde arriba, pero el resto era oscuridad y sombra, algo que alternaba entre la forma sólida y la vaporosa. Michael oy ó pasos en la escalera, oy ó que Sarah gritaba su nombre. Otras sombras oscuras saltaron por encima de la que estaba atacando a Michael, emitiendo horrendos ladridos. Inmediatamente después, se oy eron gritos humanos. Era una emboscada. El KillSim empezó a golpear a Michael con cuatro gigantescos puños, como si hubiera mutado de la forma canina a la humana. Durante un breve instante, el chico visualizó su cuerpo real en el ataúd, dando bandazos mientras los diversos componentes de los dispensadores de aire, los geles líquidos y los neurocables le hacían sentir hasta el último golpe de la criatura. Era culpa suy a, por haber escogido el ataúd de simulación más realista del mercado. La adrenalina le quemaba por dentro. Reunió todas sus fuerzas para lanzar