EL JUEGO INFINITO | Page 51

7 Negro y Azul 1 Todos se quedaron mirando a la mujer, a la espera de una explicación. Michael quería levantarse y salir corriendo, pero, si lo hacía, era posible que no volvieran a tener otra oportunidad de obtener información. —Ha estado aquí antes —informó la mujer—. Os aseguro que mis cortafuegos son seguros. Ese hombre no se atrevería a contrariarme, teniendo en cuenta que salvé a… a uno de sus más preciados… tangentes de la decadencia. Esas extrañas pausas estuvieron a punto de conseguir que Michael olvidara el peligro que corrían. Sabía que todos los tangentes acababan sufriendo la decadencia: un programa de inteligencia artificial tan complejo y tan similar a la vida misma, con un intelecto tan realista, no podía durar para siempre sin que su propia existencia entrase en contradicción con sus instintos. Las investigaciones demostraban que la decadencia afectaba, en un principio, a elementos básicos de la vida del tangente; estos desaparecían sin motivo aparente, y su memoria artificial perdía la capacidad de « rellenar los espacios en blanco» . A continuación el tangente empezaba a sufrir extraños síntomas « físicos» . Estos síntomas variaban dependiendo de cada individuo. Pero, en cuanto estos indicios se intensificaban, los jugadores tenían claro que los programadores los eliminarían. Los matarían. La voz de Ronika hizo que Michael regresara al presente. —… No habría sobrevivido tanto tiempo de no haber sido porque le limpié el código y, básicamente, hice renacer al preciado tangente de Kaine. No es algo fácil de conseguir sin borrar la memoria, por no hablar de que es totalmente ilegal. Kaine me lo debe. Se supone que pasó años desarrollando ese programa en concreto. Por aquel entonces y o no sabía lo que ahora sé sobre él, pero seguramente lo habría hecho de todas formas. Siempre conviene tener amigos, y enemigos, que estén en deuda contigo. —Kaine no parece el tipo de persona al que importe traicionar a una vieja amiga —comentó Michael—. Además está reteniendo a gente dentro del Sueño. Es un hombre despiadado; no creo que debamos quedarnos para ver lo que trama. Ronika miró con detenimiento a Michael. —Entonces os invito a partir. —De todas formas, si son amigos, ella no va a ay udarnos —intervino Bry son. —¿« Amigos» ? —repitió Ronika, pronunciando la palabra como si el concepto le resultara desconocido—. Me pagó una cantidad ridícula de dinero.