pie derecho. Y perdí uno por culpa de un perro rabioso en Des Moines.
—¿Adónde vamos? —insistió Michael, con todos los músculos en tensión por
la impaciencia.
Cutter se acercó a ellos, precedido por el hedor de su aliento, que flotaba en el
ambiente, incluso antes de que volviera a hablar.
—Tenéis que ir al club Negro y Azul. Localizad a Ronika. Esa vieja bruja es
la única que puede deciros cómo encontrarlo…
—¿Encontrar el qué? —respondieron los tres a la vez.
—Lo que os llevará hasta Kaine. —Cutter volvió a hacer ese gesto tan
misterioso entre mueca y sonrisa, luego habló con un susurro ronco—. La senda.
Michael frunció el ceño. Eran dos sencillas palabras, pero la forma en que el
hombre las había pronunciado le heló la sangre.