convencionales, como salones donde realizaban tatuajes digitales y tiendas de
empeño, dispuestos a lo largo de una calle adoquinada. Al verlos Michael tuvo la
sensación de haber retrocedido varios cientos de años en el tiempo. Incluso vio
pasar un caballo al trote.
—El local de ese tipo está por allí —dijo Sarah, señalando.
Ninguno de ellos había dicho gran cosa desde que habían dejado la
explanada, y Michael sabía exactamente por qué. Allí había mucha menos gente,
lo que significaba que si alguien estaba mirando Michael y sus amigos serían
fácilmente localizables. El chico depositó toda su confianza en el localizador de
Bry son, pues estaba seguro de que sabrían si Kaine había logrado esquivar los
programas de enmascaramiento de datos y volvía a acercarse. De ser así,
podrían buscar un portal y elevarse hasta el Despertar antes de que volviera a
lanzarlos a la oscuridad abismal.
La tienda de Cutter tenía el apropiado nombre de Barbería del Viejo. No
hacía falta ser un genio para saber que una persona en un mundo simulado no
necesitaba cortarse el pelo, pero a la gente le iba otro rollo. Cuanto más parecido
a la vida real, mejor. Un ochenta por ciento de las personas que se encontraban
en el Sueño se habían programado para tener pelo. Si tenías habilidad para la
codificación y te morías por llevar coleta, podías acceder al código y
programarlo en un pispás.
—¿Qué hacemos? —preguntó Bry son cuando se detuvieron a escasos metros
de la puerta del local—. ¿Entramos como si nada y empezamos a hacer
preguntas a ese tío?
Michael se encogió de hombros.
—Apuesto a que se lo gasta todo en juego siempre que puede. Le
programaremos un bono para el próximo torneo de póquer y no se callará hasta
que nos larguemos, os lo aseguro.
—¿Y a quién va a pelar?
Sarah se echó la melena hacia atrás, como protegiéndose.
—A mí no. Creo que no es peluquero de mujeres.
—Despéinate un poco —le ordenó Michael a Bry son—. Estamos perdiendo el
tiempo.
3
Había transcurrido al menos un año desde la última vez que Michael había ido a
sacar información a Cutter —algo relacionado con un truco para un juego de
artes marciales—, por eso había olvidado el aspecto tan peculiar del tipo. Si era
posible que alguien hubiera programado su aura a semejanza de un trol, ese era
Cutter. Y allí estaba, dando tijeretazos a la cabellera de un desconocido. Michael
y sus amigos esperaron con paciencia hasta que a Bry son le llegó el turno de