EL JUEGO INFINITO | Page 37

5 El anciano 1 —Mientras vosotros os dedicabais a flipar —les dijo Bry son—, y o estaba instalando un localizador en el aura de Kaine. La próxima vez sabremos si se acerca. Michael se encontraba sentado con él y con Sarah en la casa de un árbol, a las afueras de Sangre vital, un lugar que habían codificado, o construido, en secreto. Se trataba de un bosquecillo que, según creía Michael, ni siquiera los programadores del juego conocían. —¿Ya nos has subido el localizador? —le preguntó Sarah. Se le daba bien conseguir que mantuvieran la concentración. —Sí. —Bien. Y creo que si usamos mi programa del Escondite y el de Capa y Espada de Michael, lograremos evitar a esa alimaña durante un tiempo. —O al menos ir dos pasos por delante de él —añadió Michael. Sarah y él habían colaborado en la creación de dos programas de enmascaramiento de datos que les habían resultado útiles en más de una ocasión. Permanecieron en silencio durante un rato, entrecerrando los ojos y concentrándose en el acceso a los códigos fuente del mundo que los rodeaba. Michael encendió las pantallas y se conectó con sus amigos; compartieron códigos, instalaron los programas y se aseguraron de que estaba todo en red y listo para funcionar. Holgaba decir que tendrían que haber sido más avispados desde un principio, pero, en ese primer momento, les había parecido un juego inofensivo. Y eso, se dijo Michael, había sido una verdadera estupidez. Cuando terminó de codificar, abrió los ojos y se los frotó; la vista siempre quedaba algo borrosa después de conectar con el código. Se puso de rodillas y miró por la ventana orientada hacia la parte del bosquecillo que conducía de vuelta a las zonas principales de Sangre vital. Pese a que esa zona más distante se veía borrosa, puesto que la programación era más mediocre, a Michael le gustaba. La casa del árbol que habían construido con sus propios trucos de programación era un refugio cálido y bien protegido, y por eso resultaba confortable y seguro. « Solamente me faltan unos calcetines de punto y una gorra de lana para ser, oficialmente, una abuelita» , pensó con sonrisa avergonzada. Sin embargo, una parte de él todavía temía aquello en lo que estaban a punto de meterse. Una parte muy importante. —¿Y ahora? —preguntó Bry son. La pregunta resultaba evidente. —Por los jugadores de toda la vida —respondió Sarah—. Empezaremos por