—Un infarto, y a lo sé. Escuche, necesito que me haga un favor.
La señora puso las manos en jarra.
—Bueno, pues me gustaría que fueras algo más educado, si eso es lo que
quieres.
Michael adoraba a la señora Perkins. De todo corazón. Olía a talco para bebés
y gel mentolado, y era la mujer más encantadora del planeta. No obstante, en
ese preciso momento lo único que deseaba era apartarla del camino para llegar
hasta su teléfono.
El chico se obligó a serenarse y dijo:
—Lo siento muchísimo. Es algo urgente.
—Disculpas aceptadas, corazón. ¿Qué puedo hacer por ti?
Por algún motivo, se dibujó una sonrisa en el rostro de Michael.
—¿Podría llamar a la oficina local de la SRV? Dígales que su vecino Michael
le ha dicho que vuelve a participar. Dígales que encontraré lo que andan
buscando.
4
Su acceso fue restablecido de inmediato. Supo por un mensaje en su tablón que
Bry son y Sarah habían pasado por lo mismo y que se lo habían tomado con la
misma seriedad que él. Las clases del lunes fueron lo más agonizante que
Michael había tenido que padecer sentado en toda su vida, pero esa noche volvió
a conectar con sus amigos, y resolvieron iniciar su investigación la tarde
siguiente.
Estaban decididos a actuar con más cautela y discreción. Usarían sus
habilidades para la codificación y sus dotes de hackers como jamás lo habían
hecho. Michael imaginó que la SRV tendría un motivo para haberlos escogido a
sus amigos y a él, y agradeció que les recordasen la gran empresa que tenían por
delante.
« Podemos hacerlo» , se repetía. Una y otra vez.