EL JUEGO INFINITO | Page 31

Entonces todo desapareció con un destello de luz y fue reemplazado por estrellas que no paraban de girar y la risa de un loco. 5 El cuerpo de Michael había sido sometido a toda clase de movimientos imaginables dentro de la Red Virtual, y el ataúd, como siempre, conseguía que las sensaciones fueran lo más reales posible. Montañas rusas, aviones cay endo en picado, cohetes lanzados a otros universos a máxima velocidad y más caídas de las que podría contar. Sin embargo, en ese instante, fuera lo que fuera lo que estaba ocurriéndole, le dio la sensación de que el cuerpo iba a fragmentársele en cientos de pedazos. Se le revolvió el estómago y le estallaron en el cerebro una decena de dolores distintos. Y las estrellas no paraban de girar, y no sabía si tenía los ojos abiertos o cerrados. Quedó desorientado, y de pronto se preguntó si el ataúd podría soportar tanta presión. De forma repentina, aquella locura se detuvo. Michael sintió un apretón y le dieron arcadas, pero no llegó a vomitar. Volvió a respirar con normalidad y miró a su alrededor. Todo estaba paralizado y a oscuras, salvo por unas pequeñas luces que parpadeaban a lo lejos. Había dos cuerpos junto a él. Apenas los veía —eran poco menos que sombras—, pero sabía que se trataba de Bry son y Sarah. Tenían que ser ellos. Las luces empezaron a arremolinarse, luego se fusionaron, y se movían con más rapidez a medida que iban transcurriendo los segundos, formando, justo delante de ellos, una bola que iba haciéndose cada vez más grande y brillante, hasta que Michael prácticamente no pudo mirarla. Giraba como un cuerpo celeste, palpitando por la intensidad de su luz. Michael y sus amigos —flotando, paralizados, en silencio— esperaron. Michael intentó hablar, pero no pudo. Intentó moverse, pero estaba inmovilizado. El miedo atenazó hasta la última célula de su cuerpo. Entonces una voz habló desde la cegadora bola de luz, haciéndola latir con cada palabra. Y fue terrorífico. —Me llamo Kaine —dijo la voz—. Y lo veo todo. 6 Fuera lo que fuese lo que había paralizado a Michael, seguía sin liberarlo. La escalofriante voz siguió hablando. —¿De verdad creéis que no sé que la SRV está intentando detenerme? ¿Creéis que voy a permitir que ocurra algo en la Red Virtual que no beneficie mis intereses? Ahora este es mi reino y, al final, solo los más audaces y más hábiles tendrán el honor de servirme. La SRV y los jugadores como vosotros seréis