Entonces todo desapareció con un destello de luz y fue reemplazado por
estrellas que no paraban de girar y la risa de un loco.
5
El cuerpo de Michael había sido sometido a toda clase de movimientos
imaginables dentro de la Red Virtual, y el ataúd, como siempre, conseguía que
las sensaciones fueran lo más reales posible. Montañas rusas, aviones cay endo en
picado, cohetes lanzados a otros universos a máxima velocidad y más caídas de
las que podría contar. Sin embargo, en ese instante, fuera lo que fuera lo que
estaba ocurriéndole, le dio la sensación de que el cuerpo iba a fragmentársele en
cientos de pedazos. Se le revolvió el estómago y le estallaron en el cerebro una
decena de dolores distintos. Y las estrellas no paraban de girar, y no sabía si tenía
los ojos abiertos o cerrados. Quedó desorientado, y de pronto se preguntó si el
ataúd podría soportar tanta presión.
De forma repentina, aquella locura se detuvo. Michael sintió un apretón y le
dieron arcadas, pero no llegó a vomitar. Volvió a respirar con normalidad y miró
a su alrededor. Todo estaba paralizado y a oscuras, salvo por unas pequeñas luces
que parpadeaban a lo lejos.
Había dos cuerpos junto a él. Apenas los veía —eran poco menos que
sombras—, pero sabía que se trataba de Bry son y Sarah. Tenían que ser ellos.
Las luces empezaron a arremolinarse, luego se fusionaron, y se movían con
más rapidez a medida que iban transcurriendo los segundos, formando, justo
delante de ellos, una bola que iba haciéndose cada vez más grande y brillante,
hasta que Michael prácticamente no pudo mirarla. Giraba como un cuerpo
celeste, palpitando por la intensidad de su luz.
Michael y sus amigos —flotando, paralizados, en silencio— esperaron.
Michael intentó hablar, pero no pudo. Intentó moverse, pero estaba inmovilizado.
El miedo atenazó hasta la última célula de su cuerpo. Entonces una voz habló
desde la cegadora bola de luz, haciéndola latir con cada palabra. Y fue
terrorífico.
—Me llamo Kaine —dijo la voz—. Y lo veo todo.
6
Fuera lo que fuese lo que había paralizado a Michael, seguía sin liberarlo.
La escalofriante voz siguió hablando.
—¿De verdad creéis que no sé que la SRV está intentando detenerme? ¿Creéis
que voy a permitir que ocurra algo en la Red Virtual que no beneficie mis
intereses? Ahora este es mi reino y, al final, solo los más audaces y más hábiles
tendrán el honor de servirme. La SRV y los jugadores como vosotros seréis