EL HIJO DEL VIENTO El Hijo del Viento - Henning Mankell | страница 227

29 Alguien lo vio por la noche. Había empezado a difundirse el rumor y, por la mañana, muy temprano, y a había gente curioseando junto al muro de la iglesia. Ese día soplaba un fuerte viento y llovía copiosamente. Hallén se despertó por la mañana con un intenso dolor justo por encima del ojo. Estaba en la cama, con un paño frío en la frente, cuando su sirvienta entró a contarle que había un montón de gente junto a la iglesia y que alguien había tallado una imagen en el muro del camposanto. Hallén llevaba y a tiempo sospechando que la sirvienta era tan vieja que la razón había empezado a abandonarla. Pero se levantó de la cama, pues la mujer no parecía tan confundida como en otras ocasiones. Algo había ocurrido o estaba ocurriendo en la iglesia. Se presionó la región dolorida de la frente con el puño y salió de la casa. Cuando se dirigía a la verja, vio a la multitud agolpada ante el extremo izquierdo del muro. Hallén se preguntó, con inquietud y aversión, si no se trataría de un suicida que hubiese elegido aquel lugar precisamente para poner fin a su vida. La idea no era descabellada, puesto que la antigua creencia de que los suicidas debían ser enterrados fuera del camposanto aún pervivía en muchos de los fieles de su parroquia. Hizo una mueca, provocada tanto por el dolor como por la idea de que fuese ese el motivo del revuelo. Si se trataba de un suicida, esperaba que no hubiese demasiada sangre, al menos. Se detuvo, respiró hondo varias veces e intentó pensar en una copa de coñac, como siempre que lo aguardaba una escena desagradable. Jamás logró concitar tanta fuerza sirviéndose de las sagradas escrituras como de la evocación de una copa de coñac. La gente se hizo a un lado al verlo llegar. Con gran alivio, comprobó que no había junto al muro ningún ser humano medio deshecho. Lo que había era, en cambio, una figura de animal muy mal tallada. En realidad, solo se componía de un cuerpo de extrañas proporciones y de un ojo enorme. El ojo era de color rojo. O más bien negro. Pero estaba pintado con sangre, eso saltaba a la vista. El ojo lo miraba fijamente, lo que hizo que el dolor que lo