EL HIJO DEL VIENTO El Hijo del Viento - Henning Mankell | Page 218

al pecho. Intentó inspirar aire y cay ó de bruces. Sanna no se dio cuenta de lo que sucedía, porque estaba arropándose con la manta. —¡Mierda, qué mal huele! —protestó. Daniel no respondió. Extendió el brazo y se puso a tantearle el cuello al hombre buscando las venas. No notaba el pulso. El barco empezó a navegar a la deriva llevado por el viento. La vela aleteaba sin ton ni son. Sanna tenía los ojos cerrados, lo único que había dejado fuera de la sucia manta. —Se ha muerto —anunció Daniel. Sanna no respondió. Daniel intentaba pensar. ¿Por qué se habría muerto? Solo podía existir una explicación. La idea era que Daniel tomase el timón. Verdaderamente, Hans Höjer los estaba esperando a ellos junto a su barco. —Se ha muerto —repitió. Sanna abrió los ojos y lo miró. —¿Quién se ha muerto? Ya sé que Vanja se ha muerto. ¿Hay alguien más? Entonces se dio cuenta de que y a no había nadie sentado al timón. Se puso de rodillas. —¿Está muerto? —Sí, simplemente se ha caído de bruces y ha dejado de respirar. Sanna le pellizcó el brazo con todas sus fuerzas. —Entonces nos hundiremos. —Yo tomaré el timón. —¿Qué hacemos con él? No podemos dejarlo ahí, muerto como está. —No lo sé —confesó Daniel—. Antes tengo que ponerme al timón. Pasó por encima del cadáver y se sentó ante el timón. El cabo de la vela estaba un tanto suelto. Sanna se puso a registrar los bolsillos del fallecido. —Si está muerto, no necesita dinero. Se guardó el rollo de billetes en el interior de la blusa y cubrió el cadáver con la manta maloliente. —¿Estamos llegando? —preguntó impaciente. —Todavía no —respondió Daniel—. Aún falta un poco. Luego permanecieron un rato en silencio. Sanna se durmió. Daniel la oía roncar. Aguardó al alba. Hasta entonces, no sabría en qué dirección navegar. Y entonces podría decidir qué hacer con el hombre que y acía muerto a sus pies.