EL HIJO DEL VIENTO El Hijo del Viento - Henning Mankell | Page 212

—Me violó —gritó con desesperación—. Ese maldito asqueroso que se suponía que era mi padre me violó. Daniel ignoraba el significado de la palabra « violó» . No la había oído jamás. —¿Qué pasó? —preguntó con delicadeza. Sanna se levantó la falda hasta la cintura. No llevaba nada debajo y Daniel vio que había sangre reseca en el interior de los muslos. —¿Te azotó? —Eres tonto. No eres más que un niño y no comprendes nada. Me dijo que le ay udase a trasladar a un ternero a otro establo. Entonces me tiró al suelo y me la metió. Yo ni siquiera podía gritar, porque me aplastaba la cara con paja llena de mierda de vaca. Por poco me asfixio. Y luego me amenazó con que si decía algo, me mataba. Sanna empezó a tirarse del vello y arañarse debajo del vientre. Daniel seguía sin estar seguro de qué había sucedido. —Imagínate que me quedo embarazada —se lamentó ella a gritos—. Me encerrarán en el manicomio de Lund. Dejó caer de nuevo la falda en el barro. Daniel le tomó la mano y ella le clavó las uñas con tal fuerza que tuvo que hacer un esfuerzo para no retirarla. A Sanna se le pasó el arrebato tan pronto como se le había presentado. —Me iré contigo. Pero que sepas que jamás aprenderé a caminar sobre las aguas. Soy demasiado tonta y demasiado torpe. —No iremos caminando sobre las aguas. Ya es tarde. Buscaremos un barco. —Yo no sé nadar. —Encontraremos uno que no se hunda. —Nunca he visto el mar. Daniel desenterró la astilla del barro. —Esto nos protegerá. Daniel le contó su visita nocturna a la iglesia. —Nos protegerá de las olas cuando sean muy grandes. Sanna se puso de pie y señaló el camino que había al otro lado de la colina. —Te esperaré allí. Solo quiero ir a casa, tengo que recoger algo que quiero llevarme. Ahora no hay nadie. Por eso me atrevo. Sanna se fue y, en ese preciso momento, los pájaros alzaron el vuelo y se alejaron de la copa del árbol. Revolotearon alrededor varias veces y se marcharon planeando sobre los campos. Daniel los siguió con la mirada hasta que los perdió de vista. Pensó que habían estado allí todo el tiempo que él llevaba viviendo en casa de Alma y de Edvin. Y ahora se marchaban. La vez anterior, él tomó el camino por el que las aves se marcharon. Ahora sabía que debía ir en dirección contraria. Contempló la casa una última vez. Después, bajó al camino a esperar a Sanna.