EL HIJO DEL VIENTO El Hijo del Viento - Henning Mankell | Page 209

ordeñaran. Una gallina deambulaba picoteando alrededor de su manta. Resonó la puerta. Era Serja. Llevaba unos cubos y se detuvo ante Daniel, con los ojos llenos de lágrimas. —Vanja está enferma —dijo en un sueco con claro acento extranjero—. Está delirando. Daniel ignoraba el significado de la palabra « delirar» , pero se dio cuenta de que Serja estaba asustada y decidió romper su silencio. —¿Le duele? —Tiene algo en la garganta. No puede respirar. —¿Le duele? —¡No puede respirar! El dolor se puede soportar, pero si no respiras, te mueres. Entonces se puso a golpear los cubos entre sí, como si se hubiese vuelto loca. —Debo ordeñar las vacas —gritó—. Pero Vanja está enferma. Y tengo miedo. Dormimos en la misma cama y quizá sea contagioso lo que tiene. Serja se acercó a las vacas. Daniel la oía llorar. Por la tarde, Jonas fue a llevarle la comida. —Está peor —declaró el mozo en un tono en el que Daniel crey ó percibir una mezcla de miedo y entusiasmo. —Ha venido el doctor —continuó—. Pero ni siquiera Madsen puede hacer nada por ella. Jonas se marchó y Daniel apartó el plato. No tenía hambre. Cerca de él había una persona muy enferma, que tal vez estuviese a punto de morir. Y sabía que aquello guardaba relación con él. Por la noche, Alma fue al cobertizo. Estaba pálida y le costaba mucho moverse. —Ya sabes que Vanja está enferma —le dijo—. Todo ha sucedido tan rápido…, no sabemos si sobrevivirá. Tiene un ganglio inflamado en la garganta. El doctor Madsen no puede sajarlo, porque corremos el riesgo de que se desangre. —¿Por qué está enferma? —quiso saber Daniel. Alma no pareció oírlo. —La pobre solo tiene diecinueve años. A esa edad no debería morir nadie. A esa edad hay que vivir. Alma lo dejó con Serja, que seguía ordeñando. Daniel aguardaba. Cuando volviese a reinar el silencio, abandonaría el cobertizo. Desde la ventana pudo ver a Alma velando junto al lecho de Vanja. Alma se había dormido en la silla, con las manos en las rodillas y la cabeza hundida sobre el pecho. Daniel abrió la puerta con cuidado y entró. Alma dormía. Vanja respiraba entre pitidos. Sobre la mesa había unos frascos marrones con medicamentos. Daniel la observó. Estaba