EL HIJO DEL VIENTO El Hijo del Viento - Henning Mankell | Page 202

De pronto abrió los ojos. El hombre seguía allí sentado, mirándolo. Daniel pensó que aún seguiría allí cuando despertase al día siguiente. Ahora se sentía seguro. No tendría que aprender a caminar sobre las aguas. Ni tampoco lo crucificarían en ningún madero. Volvería a casa. Pero al día siguiente, cuando despertó, era el doctor Madsen quien lo contemplaba al lado de la cama. Ly stedt se hallaba junto a la puerta y evitaba su mirada. Madsen le habló seriamente. —Alma y Edvin estaban preocupadísimos —le recriminó—. Ahora nos iremos a casa. Daniel miró a Madsen horrorizado. Luego a Ly stedt. —No me quedaba otro remedio —le dijo—. El barco está desaparejado y no zarparé hasta la primavera. Pero comprendo que quieras volver a casa. —El niño se quedará aquí —objetó Madsen con aspereza. —Yo puedo decir lo que quiera —replicó Ly stedt—. Este niño tiene derecho a volver a su casa, al desierto. ¿Qué pinta aquí? El doctor Madsen no respondió. Simplemente, retiró las mantas. —Levántate —le ordenó—. En realidad, no dispongo de tiempo. Un caso grave de gangrena me espera en el hospital, pero procuraré que vuelvas a casa. Salieron a cubierta. Había empezado a nevar de nuevo. Daniel miró al cielo. Allí estaba Be, pero no podía verla. El doctor Madsen lo agarró de un brazo y lo obligó a caminar. Daniel se soltó. En lugar de saltar la borda para caer en el muelle, cruzó la cubierta y se arrojó a la bocana. Su último pensamiento fue para el antílope que, por fin, había logrado liberarse de la roca y emprender la carrera.