El Desván BDSM El Desván n.24 - Febrero 20 | Seite 17
Durante el primer experimento,
el jengibre estaba a temperatura
ambiente. Lo lavé muy bien y
corté un pequeño trozo en forma
de rodaja. Me tumbé en la cama
y me relajé. Usé un pequeño
vibrador para estimularme. Una
vez húmeda, froté suavemente el
trozo de jengibre en mis labios
vaginales y en el clítoris. Esperé
unos segundos. Lo primero que
sentí fue un leve ardor. Sedienta
de más, y sin saber cuánto
tiempo tardaba el efecto, tomé la
raíz y presioné con mis uñas
hasta sacar un poco de jugo. Lo
unté con mis dedos mientras me
acariciaba. Se activó un calor
muy intenso y extenso. Empezó a
picarme, parecido a cuando te
enchilas. Cambié la velocidad del
vibrador y usé la más potente.
Comencé a masturbarme con
muchas ganas. Más fuerte y
rápido. Estaba muy caliente. Se
me calentaron las piernas y mi
clítoris estaba más sensible. Me
masturbé hasta que no pude
más. Me vine. Me retorcí de
placer. Literal. Arqueé la espalda
al intentar controlarme. Mi
sangre estaba hirviendo. Cuando
terminé moría de ganas por un
oral. Estaba tan prendida que me
habría encantado tener un pene
a la mano.
Para la segunda ocasión, dejé el
jengibre en el refrigerador
durante un día completo. Lo lavé
muy bien, lo pelé y le di forma de
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dedo. Hay que quitar muy bien
toda
la
cáscara
y
las
protuberancias
para
evitar
incomodidades.
Esta vez usé un vibrador distinto,
que además de estimular el
clítoris, puedes introducirlo a la
vagina al mismo tiempo.
También compré un lubricante a
base de agua.