El Desván BDSM El Desván n.12 - febrero 19 | Page 32
Pidió otro café y empezó un nuevo cigarrillo. Eso significaba que pensaba alargar aquel suplicio un tiempo más, y
yo sólo deseaba que nos fuésemos de allí de una buena vez y perder de vista a Roberto para el resto de mis días,
pero no iba a ser así.
Cuando le trajeron el segundo café, mi Señor me miró serenamente y dijo: «Abre más las piernas». Yo era incapaz
de moverme. No estaba dispuesta a obedecerle. No me moví pero Él insistió: «Ábrelas». Su tono era el de siempre,
relajado, suave, pero de una firmeza absoluta. Su sonrisa dejó paso a un aspecto más serio. Me miraba fijamente,
mientras yo apenas podía aguantar su mirada. «Mi negra, obedece». Accedí y abrí las piernas un poco más. Él
insistió: «Más». Y las volví a separar más. Desde donde estaba Roberto, sólo con mirar bajo la mesa podía haber
comprobado que mi coño estaba completamente expuesto ante él. Yo rogaba para que no lo hiciera y,
afortunadamente, no lo hizo.
El silencio se tornó casi asfixiante hasta que KARL reanudó la conversación con Roberto hablando de unos
proyectos y de yo qué sé, ni siquiera recuerdo el tema. Sólo deseaba poder irme de allí. KARL me preguntó si
quería otro café, a lo que yo contesté con un «NO» un tanto insolente. Él se echó a reír. Roberto fue el que esta vez
dijo que quería uno. Si hubiese podido fulminarlo con la mirada, no hubiese quedado de él ni su sombra. Supongo
que también se estaba divirtiendo con la situación y ambos pretendían alargar el momento el mayor tiempo
posible. Le sirvieron el maldito café, pero lejos de ser el fin, fue sólo el principio.
A continuación, KARL me dijo que me sentase al lado de Roberto, eso sí, acompañado de un «sé buena, mi negra».
Lo más sorprendente de todo no era esa extraña petición, sino que fuese capaz de levantarme y sentarme junto a
32