El Desván BDSM El Desván. 22 - Diciembre 19 | Page 22
segundo de ese maravilloso lugar.
Dejamos todo como estaba, la maleta tirada en medio del salón, toda la ropa revuelta de buscar el
minúsculo bikini que cubriría nuestra piel y nos fuimos corriendo a la playa que nos esperaba a cinco
pasos de nuestra hermosa habitación.
El día pasó entre conversaciones de dos amigas que habían compartido tanto para olvidar como para
vivir. Sin más dejábamos atrás la jaula de cristal, para levantar el vuelo. Atenea estaba extraña, nerviosa, no sabía
bien como tomarme sus huidas para hablar por teléfono, me decía que era su hijo, pero con el paso del tiempo
podía saber cuándo me ocultaba algo.
—Atenea es la tercera vez que te alejas para hablar ¿Pasa algo?
—Nada mujer ¿Qué va a pasar? Voy a nadar ¿Te vienes? —Notaba como evitaba contestar directamente mis
preguntas. Pero decidí que estaba allí para disfrutar. Quizá fueran cosas personales que le afectaban a ella, esperaba
que se abriera a mí si sentía la necesidad. Yo misma sabía que guardarse cosas dentro no aportaba más que dolor.
Después de un día espléndido de playa y con nuestros cuerpos bronceados, decidimos que esa noche cenaríamos
fuera. Atenea se empeñó en elegir la ropa que iba a llevar. A veces seguía las viejas costumbres de ayudarme en
todo, como si fuera mi sirvienta.
Me arreglé con un precioso vestido vaporoso de gasa blanca, que me había comprado el día anterior de nuestra
llegada, a elección de Atenea que dijo que sería precioso para llevar en la costa. Sinceramente estaba un poco
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