Egipto? ¿ Y el diezmo del Señor? Vaya si esto era el ritual de sangre, tal como figura en los libros. Como ya dije, su mala conciencia no delata el asunto de forma tan palpable como lo hace la descarada negación de tales hechos de dominio público ».
« Sin embargo la cosa resulta », repliqué yo. « Ya no se sabe leer; y una vez que se ha leído algo, acto seguido queda en el olvido. La Iglesia católica ha nombrado beatos, incluso santos, a una buena cantidad de niños degollados. El santo Rodolfo, el patrón protector del heredero de la corona de Austria, se cuenta entre ellos. ¿ Quién está al tanto de ello hoy en día? Según parece, ni la propia clerecía. Lutero( 62) les echa en cara a los judíos que raptan y acuchillan niños. Pero también, que entregan grandes sumas de dinero, con lo que resultan de provecho para los nobles dignatarios. El viejo método, para los momentos en que la cosa huele ya a chamusquina. ¡ FIAT IVSTITIA!»
« Había ocasiones en las que no sacaban nada por esta senda », objetó Hitler. «¿ Cuánto hace que el judío Hülsner fue declarado culpable de forma probada y sentenciado a muerte en Polonia a causa del asesinato ritual( 63)?».
« En realidad la pena le fue conmutada por la de cadena perpetua », hice saber yo; « durante la Revolución, con el pretexto que fuese, salió entonces a la calle ».
«¡ Aunque así fuese!», exclamó Hitler. « Fue condenado. Concluyente. Inapelable. No hay judío que pueda amañar el asunto. En tan escasa medida como con el probado asesinato ritual en el caso del Padre Thomas( 64). Al que redujo toda una jauría de judíos, nada menos que en casa del hebreo más piadoso de la ciudad, siendo degollado de forma protocolaria. Todos fueron detenidos por sorpresa, aislados, y todos reconocieron el crimen, todos sin excepción. Las declaraciones que efectuaron sobre los atroces pormenores coincidían como si se tratara de un molde. La necesidad urgente de vacunar a un niño, el más que cálido recibimiento –“¿ de verdad no le apetecería tomar algo?”-, cómo lo agarran, atan y amordazan por sorpresa; cómo lo arrastran hasta un cuarto trastero, la espera hasta que se hace de noche, cómo le rebanan la garganta y recogen la sangre – el Rabino mayor da a renglón seguido las bendiciones rituales para que se vaya preparando el pan ácimo de la celebración de Purim; cómo quemaron luego las ropas, el descuartizamiento del cadáver, la forma en que borraron las huellas. Paso tras paso, una absoluta coincidencia al milímetro. No hay tortura en el mundo que pueda obtener una unanimidad semejante, ya puedan invocar los judíos al cielo hasta hacerlo bajar a la tierra. Resultado: diez judíos fueron condenados a muerte. La ejecución debía seguirle muy de cerca. Pero...».
« No la siguió », interrumpí con acritud. « Los judíos Cremieux( 65) y Montefiore, el uno la astucia, el otro la riqueza personificadas, a los que respaldaba la casa Rothschild en el asunto( 66), vinieron desde París para entrevistarse con el déspota egipcio Mehmet Alí, tan amigo de los fastos como crónico abonado a la bancarrota, y“¿ ialguien iha vifsto ialgo, a que tú nio hash vishto niada?” en ristre, los diez judíos fueron indultados y puestos en libertad uno tras otro,“ siento una enorme estima hacia los judíos; Me complace ofrecer a sus emisarios esta prueba de mi simpatía”, sonrió el miserable Alí a ambos negociadores judíos; dirigiendo una halagüeña mirada de soslayo hacia el rostro radiante de su tesorero ».
« Tampoco fue tan bicho » – tuve que escuchar entonces- « como para llegar a declarar inocentes a los criminales. ¡ Con liberar a los prisioneros, listo!
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