23 de diciembre. 16:00 p. m.
Dorian se encerró en su cuarto mientras maldecía en susurros a su madre. Esta se había dado cuenta del robo y había obligado a Dorian a devolverlo, lo cual había llegado a una situación un poco embarazosa. Solo quedaba una última esperanza: que Papá Noél le trajera el avión.
25 de diciembre. 09:00 a. m.
Dorian bajó corriendo las escaleras, entusiasmado. La espera había llegado a su fin. Buscó entre los regalos, pero solo encontró un paquetito para él. Lo desenvolvió y era … un trozo de cartón. Miró a sus padres y su madre dijo:
-A lo mejor si te hubieses portado mejor tendrías más regalos.
A Dorian le salieron lágrimas en los ojos. Dando pisotazos volvió a su habitación y cerró la puerta con un portazo.
25 de diciembre. 09:45 a. m.
Dorian lloraba en su deshecha cama, pero a causa del sueño, cayó dormido.
Tuvo un sueño de lo más extraño. De repente, sobre un fondo negro, apareció un hombre rechoncho. Tenía una particular y enorme panza, y unas gafas de señor mayor. Pues así lo era, viejo y desgastado. Solo vestía de rojo y de blanco. Era Papá Noél.
-Dorian, Dorian, Dorian. Tengo algunas cosas que contarte. Supongo que estarás indignado porque no te he traido nada estas navidades.-Dijo Papá Noél con un tono cariñoso.
-Pero, ¿ por qué? No lo entiendo.-Dijo Dorian indignado.- ¿ De verdad quieres que te lo diga?-preguntó Papá Noél.-En realidad, no.-Respondió Dorian
-Pues resulta.- Dijo Papá Noél.-Que me he colado en tus sueños para hablarte de eso.