Para no desentonar con el tema de moda, el mundial de futbol de Brasil-2014 y ante la falta de conocimientos suficientes para comentar los partidos, bueno es hablar de los árbitros, figuras centrales y por demás indispensables en el desarrollo de cada uno de los partidos.
Su labor, la menos vistosa pero la más comprometida en el desarrollo de cada juego es al final una especie de válvula de escape por donde se destila y se decanta toda la pasión acumulada durante los 90 minutos de la contienda. Los ganadores como es apenas lógico se prodigan en alabanzas para sus jugadores y su cuerpo técnico, mientras que los perdedores no pierden la ocasión para culpar al árbitro de su derrota. Triste destino de esta profesión, de saberse culpable de las derrotas y nunca de los triunfos de los equipos en contienda.
Su trabajo en la cancha, según los entendidos, no debe traspasar las fronteras de la más completa discreción, pues en ningún caso debe ser protagonista y menos opacar con su actuación el desempeño individual de los jugadores y del partido como espectáculo para los miles de espectadores que generalmente colman el estadio.
Por este camino de la sencillez y la modestia en la actuación, según parece, es que se llega a la fama. Muy pocos saben al final cuáles fueron los árbitros ganadores y perdedores en un mundial de fútbol, porque nunca se sabe cuáles son los criterios de evaluación de su trabajo.
ARTÍCULO DESTACADO