Folleto Dí Arte
Carta abierta
Decía Hannah Arendt en '¿Qué es la política?', ese fragmentado e
interesante libro póstumo, que la política es el espacio 'entre', en el
cual pueden “[…] estar juntos los unos con los otros de los diversos”
(p. 45), haciendo así eco de la concepción antigua de la política:
como una construcción permanente agenciada por diversos actores,
no por un grupo selecto o por un caudillo; además de eso, llamaba la
atención sobre el hecho de que la política no se restringe a la
actividad proselitista y electoral: pancartas, caudillos, agendas,
reuniones privadas, alianzas estratégicas, sancochos, firmas,
promesas y votos. Para la autora alemana era evidente que la
política se define (o por lo menos se debería definir) como un
espacio para el encuentro y la acción de diversos agentes, díganse
civiles, sociales o culturales, y no como el derecho al sufragio o la
vinculación pública a un partido.
Por tales razones, cuando me entero que llaman 'apolítica' a una
corporación cultural sólo porque no hace gala, en época de
elecciones, de un color o una bandera; porque no se afilia a la
campaña de un candidato político o caudillo; porque no asiste a
reuniones privadas ni empapela su sede con los rostros de gente que
nunca ha visto trabajando mancomunada con la comunidad, me
embarga una sensación de risa que paulatinamente se transforma
en un desbordante sentimiento de decepción generalizada.
Comprendo de manera indudable que la gran mayoría seguimos
equiparando política a caudillismo o politiquería, no al encuentro y la
acción de los unos con los otros; que seguimos considerando como
actor político exclusivamente al sujeto que hace proselitismo y no al
que le enseña a leer a los que no saben, al que prefiere no votar
porque no se recoge en las agendas de los candidatos postulantes, o
al que prefiere agremiarse con otros y fundar espacios para la
formación, la creación, el compartir, espacios para la construcción
de los unos con los otros y los diversos…
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