Dí Arte | Page 7

Número 4 / Mayo de 2013

Vargas Llosa debe morir. Yo no lo mataré

Antes de iniciar el presente texto debo hacer algunas aclaraciones: 1. A los juristas y periodistas: Si Vargas Llosa muere, yo no lo maté. 2. No creo en la objetividad ni en la verdad. La objetividad es subjetiva y la verdad es mentirosa. 3. Como los juristas, los periodistas, los políticos y los sacerdotes juegan con esos términos, debo decir que ninguno de los anteriores me es grato. 4. Este mundo está lleno de contradicciones. Tengo un amigo abogado, varios son periodistas, otro tiene aspiraciones políticas y mi camarada es seminarista. 5. Meursault debe vivir por su rebeldía. La rebeldía de no aceptar las verdades moralistas de su sociedad. 6. No soy loco, ni bobo, ni santo, ni profeta. Pero si usted ve volar en la noche sobre su cabeza dos puntos rojos fluorescentes, no se asuste, son las patas radioactivas de una paloma bogotana que se rebeló a los pronósticos del clima y a la peligrosidad de la noche.
Ahora sí, comienzo este pequeño diálogo conmigo mismo, pues, sinceramente, a nadie más me interesa hablar en esta noche: Cuando finalicé la lectura de la novela El extranjero( 1942), de Albert Camus, me quedó rondando en la cabeza la pregunta que Meursault, el protagonista, se hace a sí mismo haciéndosela al sacristán en un ataque de cólera y alegría:“¿ Qué importaba si, acusado de asesinato, lo ejecutaban por no haber llorado en el entierro de su madre?” [ 1 ]. Con este interrogante, Meursault deja en claro que su juicio y su condena son por motivos morales. Porque sus acciones, más allá del homicidio del árabe – lo cual es punible –, son temidas dentro de una sociedad recelosa ante cualquier individuo o colectivo que escapa de lo“ normal” y lo comúnmente establecido. Meursault es el tipo de hombre que toda sociedad, en cualquier época y en cualquier lugar, inquieta y levanta sospechas porque actúa de un modo diferente y rebelde. En el caso de Meursault, indiferente. Él vive la vida y él morirá la muerte. Es decir, es un personaje que vive en el presente, las circunstancias, disociado de un ayer y un mañana.
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