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tener en cuenta los elementos
estructurales
de
la
sociedad
(escuela, trabajo, vivienda, salud,
ocio) (25).
Los análisis de vulnerabilidad no
prescinden
de
los
análisis
epidemiológicos
de
riesgo.
Establecer
asociaciones
probabilísticas de la distribución
poblacional del consumo entre
diferentes condiciones objetivas
mensurables como sexo, edad,
profesión, prácticas sexuales, etc.,
seguirá siendo una importante
fuente
de
información.
Las
situaciones de riesgo, si bien
pueden no estar determinadas,
suelen estar vinculadas a las
condiciones de vida subsumibles en
el diagnóstico de pobreza; sin
embargo, no alcanza con establecer
esta vinculación, sino que ella
debería desagregarse para analizar
las situaciones vitales ligadas a la
pobreza en cuanto a la falta de
alternativas y a la dificultad para
soslayarlas estableciendo otras
posibilidades, así como a las
marcas psicosociales que dejan
estas situaciones.
Hay que tener en cuenta que la
vulnerabilidad no es binaria, sino
multidimensional y relacional; no es
unitaria, siempre hay graduaciones;
no es estable, muta constantemente
a lo largo del tiempo; las personas
no son vulnerables, sino que están
vulnerables. Los abordajes de
reducción de vulnerabilidad han
procurado ampliar el objetivo de las
intervenciones desde el plano
individual hacia el plano social. La
actitud constructivista es la que
mejor contribuye a que las personas
puedan buscar y apropiarse de las
informaciones que tengan sentido
para ellas, movilizarse y hallar las
alternativas prácticas que permitan
superar las situaciones que las
hacen vulnerables.
Delor y Hubert (26) proponen
analizar las vulnerabilidades como
un proceso –no como una situación
puntual–, y las articulaciones entre
lo individual y lo social a partir de
tres dimensiones interrelacionadas:
a.
b.
c.
trayectorias
individuales:
tener en cuenta en las
diferentes
biografías
los
acontecimientos,
hechos,
situaciones que marcan giros
existenciales,
cuya
consideración
resulta
fundamental para entender
las transformaciones en sus
prácticas y/o niveles de
exposición a situaciones de
riesgo;
vínculos e interacciones: las
prácticas de riesgo requieren
del encuentro de, al menos,
dos personas que actúan en
función de sus experiencias,
de las posiciones que ocupan
en la interacción y del tipo de
relación que establecen entre
sí;
contextos
socioinstitucionales:
las
normas
e
instituciones
sociales, políticas y culturales
van
condicionando
y
mediando las prácticas y
relaciones entre individuos,
suministrándoles
o
negándoles el acceso a
determinados recursos y
capitales
y,
por
ende,
IV COHORTE DE LA MAESTRIA GERENCIA PUBLICA – ORGANIZACIÓN Y PLANIFICACIÓN COMUNITARIA