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Dos Años de Vacaciones
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y el cielo completamente despejado de nubes, era
preciso aprovecharle de tales circunstancias, pues si
los vapores llegaban a amontonarse por la tarde
hacia el Este, el resultado de la expedición sería
nulo. Durante la primera hora, Briant anduvo con
bastante rapidez, recorriendo la mitad del trayecto, y
por lo tanto, no presentándose ningún obstáculo,
contaba con llegar al promontorio sobre las ocho de
la mañana; pero a medida que el acantilado se
acercaba a los arrecifes, el suelo ofrecía más
dificultades, pues el camino arenoso era tanto más
estrecho cuanto más avanzaba hacia las rompientes,
y en vez de aquel terreno, movedizo, sí, pero seguro,
que se extendía entre el bosque y el mar, en las
cercanías del río nuestro joven se vio reducido a
aventurarse a través de un sinnúmero de rocas
resbaladizas, de balsas de agua que tenía que rodear,
de piedras movedizas, sobre las que no encontraba
suficiente apoyo, ocasionándole todo esto una gran
fatiga, y, lo que era aun más sensible, un retraso de
dos horas por lo menos.
-¡Es preciso, no obstante, que yo llegue al cabo
antes de la pleamar! se decía Briant. Esta parte de la
playa ha sido cubierta por la última marea, y lo estará
también por la próxima hasta el pie del acantilado. Si
me viese obligado a retroceder o a refugiarme sobre
alguna roca, llegaría demasiado tarde. ¡Es necesario
que pase, cueste lo que me cueste, antes de que las
olas invadan la playa!
Y el valeroso muchacho, no haciendo caso de la
fatiga que empezaba a entumecer sus músculos,
procuró tomar el camino más corto. Tuvo muchas
veces que quitarse botas y calcetines para atravesar
anchas lagunas con el agua a media pierna, y luego,
cuando se encontraba otra vez en la superficie de los
arrecifes, seguía su camino, no sin tener alguna
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