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Dos Años de Vacaciones www.infotematica.com.ar Este los contornos de una costa. ¿No se equivocaba? Nada más difícil de reconocer que esas vagas líneas que se confunden con tanta facilidad con pequeñas nubes. -¿Tierra? preguntó Briant. -Sí, replicó Mokó; tierra al Este. E indicaba un punto del horizonte, si bien algo oculto por los vapores de la madrugada. -¿Estás cierto de ello? preguntó Doniphan. -¡Sí... sí... ciertísimo!... respondió el grumete. Si la niebla se despeja un poco, mirad bien allá... hacia la derecha del palo de mesana... ¡Mirad... mirad!... La bruma, que empezaba a aclararse, remontándose a las zonas superiores, dejó que la vista se extendiera sobre el Océano en un espacio de varias millas delante del yate. -¡Sí, es la tierra... la tierra!... exclamó Briant. -¡Y una tierra muy baja! añadió Gordon, que acababa de observar con más atención el litoral. Esta vez no había que dudarlo. Una tierra, continente o isla, se dibujaba a cinco o seis millas en una ancha parte del horizonte. Con la dirección que llevaba, y de la que la borrasca no le permitía apartarse, el Sloughi llegaría en menos de una hora; mas era de temer que se destrozara al llegar, sobre todo si las rompientes le detenían antes de abordar. Pero los pobres muchachos no pensaban en eso; esa tierra que tan inopinadamente se ofrecía a su vista, les parecía de segura salvación. En aquel momento, el viento se puso a soplar con más violencia; el Sloughi, llevado como un pluma, sé precipitó hacia la costa, que se dibujaba como un rasgo de tinta negra sobre el fondo blancuzco del ciclo. Avanzando algo el buque, pudo observarse que en segundo término se elevaba un acantilado, cuya altura no excedería de ciento 15