DOS AÑOS DEVACACIONES Dos años de vacaciones | Seite 13
Dos Años de Vacaciones
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-¡Salvémosle! exclamó Briant.
Y púsose a andar a gatas, evitando el choque de
las garruchas desprendidas de las maromas,
procurando no escurrirse, a causa del vaivén, sobre
aquel puente resbaladizo.
La voz del grumete se dejó oír otra vez, y luego
todo quedó en silencio.
Después de muchos esfuerzos, Briant llegó a la
toldilla de la tripulación.
Llamó.
No obtuvo respuesta.
¿Sería que el mar se había llevado a Mokó
después de su último grito? En este caso el
desgraciado niño debía estar ya muy lejos, hacia
atrás, porque el viento no había podido empujarle
con tanta velocidad como al schooner.
Si así era, estaba perdido sin remedio.
Mas no: un nuevo grito, si bien más débil, llegó
hasta Briant, e hizo que éste se precipitase hacia el
hueco del montante en que se empotraba el pie del
bauprés. Allí, a tientas encontró un cuerpo quo se
movía... Era el grumete, cogido en el ángulo que
formaba el empavesado uniéndose en la proa.
Además, una driza que con sus esfuerzos apretaba
cada vez más, le rodeaba la garganta, exponiéndose a
morir estrangulado.
Viendo esto Briant, sacó su cuchillo y cortó, no
sin mucho trabajo, la cuerda que molestaba al
grumete.
Mokó fue llevado hacia la popa y cuando tuvo
bastante fuerza para hablar, exclamó:
-¡Gracias, señor Briant, gracias!
Y volvió a colocarse en el timón, en donde los
cuatro se amarraron para resistir a las enormes olas
que amenazaban el Sloughi.
Al contrario de lo que había creído Briant, la
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