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Dos Años de Vacaciones
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tengáis miedo!...
Entonces, bajando hasta el suelo un farol que
tenía en la mano, vio que cierta porción de agua
corría de un lado a otro del yate.
¿De dónde era aquella agua? ¿Había penetrado
por alguna grieta? Esto era preciso averiguar.
Contiguo al salón se encontraba una gran
cámara, luego el comedor, y después la habitación de
los tripulantes.
Briant recorrió dichos departamentos y observó
que el agua no penetraba ni por encima ni por
debajo de la línea de flotación. Esta agua, despedida
hacia popa por la inclinación del buque, provenía de
las olas que entraban por la proa, y filtraba por las
rendijas de la toldilla del puesto de la tripulación. No
había que temer ningún peligro por aquel lado.
Briant tranquilizó a sus compañeros cuando
volvió a pasar por el salón, y un poco menos
inquieto, ocupó de nuevo su sitio en el timón. El
schooner, sólidamente construido, forrado con buenas
planchas de cobre, no podía hacer agua y estaba en
estado de resistir el embate de las olas.
Sería como la una de la mañana. En aquel
momento la noche era cada vez más oscura por el
espesor de las nubes; la borrasca se desencadenaba
con atronadora violencia, y el yate navegaba con sin
igual velocidad, saludado por las gaviotas con gritos
agudos que rasgaban los aires. La presencia de estas
aves ¿era señal de que la tierra se hallaba cerca? No,
porque se las encuentra a veces a varios centenares
de leguas de la costa. Además, impotentes para
luchar contra la corriente aérea, esos pájaros, que
sienten placer en medio de las tormentas, la seguían
como el schooner, al que ninguna fuerza humana
hubiera podido detener.
Una hora más tarde lo que quedaba de la mesana
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