meterse en sus asuntos...¡zas! salió la fiera que el padre llevaba dentro. James lloraba sin parar, abrazado de su madre, y la pobre Nicole ya sabía lo que les esperaba a los dos desde ese momento. Ya siempre iban a pillar los dos, ese era su destino.
Pasan los días, otro, otro y otro, hasta el punto que James se mira en el espejo del baño y se ve los ojos morados y el cuerpo magullado. Entonces se le viene la cabeza una locura, dejar pasar dos días más, aguantando las palizas tanto a él como a su madre y, al tercero, es él quien tira los platos de la mesa y le dice a Andrew, su padre ¡levántate!, a la vez que obliga a su madre a que se vaya a la cocina.
Nicole teme que le pegué una buena, pero no sabe lo que James tiene preparado. Su madre se marcha del salón, con el oído puesto para saber qué pasa, y es cuando Andrew le dice: ¡no sabes en el lío que te acabas de meter, y a tu madre, “hoy vaís a dormir calientes!. En ese momento, James le contesta: ¡tranquilo, ya no nos harás sufrir más, ni a nadie!. Andrew ríe de forma macabra, pero James saca, de entre sus ropas, un revólver y le mete dos tiros a su padre, uno en el pecho y otro en plena cabeza. Su madre entró a la estancia corriendo, y llorando le dice a James ¡estás loco hijo…! "Sí, pero por tí!" responde el hijo, preso de la locura.