,
Pasaron dos años más, James no era ya tan pequeño, tenía ahora ocho años, las cosas en casa no habían cambiado mucho, y él ya no sabía qué hacer tanto que sufría por ver a su madre así, en esa situación, sin poder hacer nada. James ya entendía que lo que hacía su padre era una verdadera burrada, hasta el punto de que, cuando veía que su padre se ponía furioso, éste abrazaba a su madre por encima tapándola lo más posible, para que Andrew no le pegara, pero servía de poco. Andrew quitaba a James de un ligero empujón y empezaba a golpear a Nicole.
Las palizas era cada vez más fuertes, la pobre no podía más, estaba con depresiones, miedo, y con la cara como un tomate pasado. Ella cada día temía lo peor...qué fatigas le hacía pasar su marido.
Pasaron unos años más y, por desgracia, la cosa seguía igual. Pasaron seis años, y el pequeñajo entraba en la adolescencia, ya tenía 14 años. James ya estaba capacitado y, de hecho, sabía lo que estaba ocurriendo en casa, era un claro ejemplo de violencia de género.
El pobre James andaba siempre rayado, sin saber qué hacer, no podía ver a su madre llorar, gemía de dolor todos los días por el cabrón de su padre. James sabía que esto tenía que acabar de alguna manera y sabía que la ley no iba a hacer nada y, además, su madre, por la vergüenza, le había dicho que por Dios no dijese nada a nadie. En cambio, él le decía que qué vergüenza, qué ese tío tenía que estar en la cárcel si no retomaba su comportamiento y sus formas, aunque le doliera por ser su padre.
No había forma de que lo que estaba pasando en su casa cambiara, decidió hablar
con su padre, cara a cara. Según le reprochaba lo que pensaba, que entre otras cosas, lo decía porque tenía valor, porque sabía que su madre no podía defenderse, Andrew se enrojeció tanto que casi le salió humo de las orejas y tan enfadado que a James que le acabó dando una buena paliza. Nunca le había pegado hasta ahora, pero, al