James se estaba dando cuenta de que lo que hacía su padre no estaba nada bien, aunque dudaba, porque cómo Andrew lo hacía con naturalidad, a veces pensaba que tenía razón y que hacía lo correcto .
Día tras día aguantando golpes e insultos feísimos, hasta el punto que ya no se cortaba de que James estuviera delante. El pobre niño, cada vez que veía a su padre enfadado, que era lo habitual, ya sabía lo que iba a pasar. Él se asustaba mucho, ya que había visto sangrar a su madre y, entonces, cuando James veía que su padre iba a hacer lo que temía, se iba corriendo y se escondía debajo de una mesa y presionaba fuerte sus manos contra sus orejas, y ni aún así podía librarse de los gritos de su pobre madre. Nicole no sabía qué hacer, si quitarse de vivir, marcharse, pero ella decide que va a aguantar lo que sea con tal de que a su hijo no le pase nada
Pasaron unos años, el pequeño James estaba creciendo, el niño tenía seis añitos y ya notaba que su padre le pegaba a su madre. Aunque lo hacía discretamente, él veía sus ojos enrojecidos y sus mejillas irritadas por las bofetadas, por no hablar de sus brazos, llenos de moratones. Aunque eso no se lo solía ver porque ella siempre fue muy cuca para esas cosas llevando siempre manga larga.