DIáLOGOS. Mujer e Igualdad Jan. 2014 | Page 18

Nicole y Andrew tuvieron un niño que se llamó James. Ese pequeño no sabía la vida que le esperaba, llena de dolor y sufrimiento. El padre de James, tenía la mano larga, bastante, y lo peor es que la tenía contra Nicole, su mujer. Andrew trabajaba de oficial de obra, ya sabemos lo duro que significa que los peones lo hagan bien y el cliente se quede satisfecho; su horario, igualmente, era complicado, entraba a las siete de la mañana y salía doce horas más tarde.

Muchas horas mandando a los trabajadores, tarea que no era nada fácil porque muchas veces se pitorreaban de él por su mal genio y por las formas cómo los trataba. Mientras tanto, Nicole se encargaba de las tareas del hogar, limpiando, fregando, barriendo y ordenando todo lo que suponía la casa, también se encargaba del cuidado de su niño, James, dándole de comer, cambiándole, lo típico que se le hace a un bebé, pero sólo lo hacía ella, sin ayuda de nadie.

Andrew, que ya se levantaba enfadado pensando en lo que le esperaba con sus trabajadores, siempre desayunaba poniéndole pegas al café y a las pastas que Nicole le preparaba, aunque él creía que no era asi y, en ese mismo momento de cabreo, se levantaba tirando el vaso de café y el plato con las pastitas al suelo, y le pegaba unos cuantos bofetones y algún que otro puñetazo de rabia. Ella no podía hacer nada, sólo se cubría la cara, aunque ni eso le servía de lo fuerte que la golpeaba.

Pobre mujer, aguantando día tras día al imbécil de su marido, maltratándola por sus malentendidos. Pués así todas las mañanas, y eso no era todo, cuando Andrew volvía de trabajar, más que quemado, por estar todo el día andamio para arriba andamio para abajo, cómo no, según llegaba a casa siempre le decía: “Nicole, ven aquí..” y ¡plaf!!, bofetada al canto. Era tan cobarde que en vez de pagarlo con quien de verdad tenía que hacerlo, que eran sus trabajadores, lo hacía con su mujer. Pobre dama, ella no quería denunciar ni decírselo a nadie; ademas de que nadie le haría ni caso, por las represalias de su marido temía que la matara, y ella sólo penaba en qué iba a ser de su pequeño si no estuviera allí.

Si se ponía así en un desayuno, imaginaos en la cena la que se podría montar. Era un desagradecido, siempre había algún trozo de porcelana por el suelo, de sus arrebatos cuando tiraba los platos al suelo diciendo que la comida estaba mal hecha a posta.

Nicole