marchando bien, él iba mejorando cada día, a mi mamá le dieron salida, pero él se quedó hospitalizado.
Meses después él ya estaba bien, yo no me podía acercar a él, yo nunca lo pude ver de pequeño, porque cualquier cosa le podía afectar su salud, estaba delicado aun, pero sé que mejoraría, en esos tiempos mi tía estaba cuidando de mí y una vez acompañamos a mi mamá a la clínica para poder verlo, no nos dejaron ingresar, era casi imposible solo podía ingresar mi mamá, recuerdo que con mi tía tuvimos la idea de subir por el ascensor e ir a verlo pero cuando ya estábamos arriba, estaban esperando dos hombres muy altos que nos dijeron que teníamos que irnos, que no podíamos estar por ahí.
Es una tristeza muy profundidad al saber que no podrás ver a tu hermano, acariciarlo, tocarle las manos y la carita, no puedes hacer nada de eso porque él está muy mal. Gracias a Dios el mejoró, ahora está bien, ya tiene 10 años y es un hombre muy fuerte, le gusta jugar fútbol y videojuegos, es muy flaquito, pero está en perfecto estado de salud.
Mi familia y yo en esos tiempos éramos muy pobres, vivíamos en patio bonito, en una casa en arriendo y teníamos lo justo para sobrevivir, puedo decir que a pesar de todo yo era muy feliz, esa casa tenía una terraza grande donde yo podía jugar, recuerdo que cerca de ahí estaba el comercio, y mis padres me compraron una pelota gigantesca de caucho y era de color morado, en esos tiempos costaba cinco mil pesos, una vez yo estaba jugando en la terraza y la pelota se me desbordó por el muro que había en la terraza, cayó pasó una moto y la explotó, era mi único juguete, pero mis padre me regalaron otra y siempre pasaba lo mismo.