me ama, cuán importante y valioso es cada segundo que transcurre, y que
después de todo sí estaba viva, y mi más grande temor era ése, vivir. Al bailar
logro decir todo lo que siempre callo, allí soltaba las cargas que durante
mucho me obligué a llevar, pero no era todo tranquilo y maravilloso como la
gente cree, ¡pura basura! por el contrario, las batallas peleadas a diario eran
duras, me dolían y le dolían a mi madre, quien estuvo ahí día y noche, al igual
que mi familia, seres hermosos que me han dado esperanza y me muestran
cuán afortunada he sido.
Las crisis no paraban, y cuando lo hacían caía de nuevo, muchos conflictos
espirituales se peleaban en mí, mis emociones eran como una montaña rusa y
por tanto, mi físico tampoco era el mejor. Sin embargo, siempre hubo una
fuerza, un motor, una causa que era válida sin argumentos; siempre estuvo
Dios, amándome, levantándome, permitiendo que no cayera, viéndome llorar
y diciéndome que todo pasaría, después de todo haciéndome entender que
el proceso es necesario, la paz que vendrá sí será eterna.
Hoy, aunque muchas cosas han cambiado y me siento orgullosa de la manera
en la que he ido superando los tiempos más difíciles, sé que mi proceso no
acaba, que estoy en constante construcción y por ende hay caídas, hay
desilusiones, hay dudas y hay dificultad, pero también hay esperanza,
fortaleza y alegría de que hay un tiempo para todo, y esto también pasará.
Autor: Saori