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DESCRIPCIÓN DE LA CALLE………..……………………………………………………………………………………………….
Las calles del pueblucho por las cuales anduve durante mi
visita a la Edad Media estaban sucias, muy sucias y
asustaban a cualquiera. Había ratas por doquier,
correteando de aquí a allá. A penas se oía voces de gente
a lo lejos. Tenían un olor extraño, a causa de la falta de
higiene en las calles, además, se distinguía un peculiar
aroma a orina y basura. La poca gente que había en la
calle se conglomeraba en la donde se encontraba el
mercado. Esos sitios estaban repletos de comerciantes y
aldeanos que iban allí en busca de productos lo más
baratos posible. El olor en aquel lugar era indescriptible;
era una mezcla de olor a pescado podrido, el sudor de toda
aquella gente y el de la suciedad. Se sentía un agobio
impresionante; la gente gritaba, peleándose por las cosas,
había niños llorando y vendedores anunciando cosas en voz
alta como: “la mejor carne de vaca recién sacrificada” o
“los precios más bajos del mercado aquí”. Era difícil hacerse paso entre la gente, se empujaban
unos a otros y me llevé algún que otro pisotón. Todo aquello en conjunto tenía un aspecto
horrible, a cualquiera le daban ganas de salir de allí lo antes posible.
Las tabernas llenas de hombres bebiendo y canturreando eran frecuentes. El ambiente
dentro de ellas tampoco era el idóneo. Decidí entrar en una de ellas, para verla por dentro.
No debí hacerlo. Me llevaba muchos empujones, miradas de perplejidad y algún que otro
comentario salido de tono, aunque yo intentase taparme la cara para que no vieran que era
una mujer. Normalmente, las mujeres que entraban en aquellos sitios no lo hacían por su
propia voluntad y supongo que para complacer a alguno de los hombretones que se
encontrase allí. Nada más entrar, salí de aquel lugar que, como el resto del pueblo, olía fatal,
aunque en este caso, esos olores se mezclaban también con el alcohol. A medida que me iba
alejando de las callejuelas de ese pueblo medieval, el olor se iba disipando, se empezaba a oler
la naturaleza; los árboles y las plantas que había, se podía escuchar el canto de algunos
pájaros y el bullicio de la gente en las plazas y tabernas, quedaba tan lejos, que parecía que
casi ni existiese.