Diario de un trotamundos_GS Diario_de_trotamundos_GS | Page 25

DESCRIPCIÓN DE LA CALLE………..………………………………………………………………………………………………. Las calles del pueblucho por las cuales anduve durante mi visita a la Edad Media estaban sucias, muy sucias y asustaban a cualquiera. Había ratas por doquier, correteando de aquí a allá. A penas se oía voces de gente a lo lejos. Tenían un olor extraño, a causa de la falta de higiene en las calles, además, se distinguía un peculiar aroma a orina y basura. La poca gente que había en la calle se conglomeraba en la donde se encontraba el mercado. Esos sitios estaban repletos de comerciantes y aldeanos que iban allí en busca de productos lo más baratos posible. El olor en aquel lugar era indescriptible; era una mezcla de olor a pescado podrido, el sudor de toda aquella gente y el de la suciedad. Se sentía un agobio impresionante; la gente gritaba, peleándose por las cosas, había niños llorando y vendedores anunciando cosas en voz alta como: “la mejor carne de vaca recién sacrificada” o “los precios más bajos del mercado aquí”. Era difícil hacerse paso entre la gente, se empujaban unos a otros y me llevé algún que otro pisotón. Todo aquello en conjunto tenía un aspecto horrible, a cualquiera le daban ganas de salir de allí lo antes posible. Las tabernas llenas de hombres bebiendo y canturreando eran frecuentes. El ambiente dentro de ellas tampoco era el idóneo. Decidí entrar en una de ellas, para verla por dentro. No debí hacerlo. Me llevaba muchos empujones, miradas de perplejidad y algún que otro comentario salido de tono, aunque yo intentase taparme la cara para que no vieran que era una mujer. Normalmente, las mujeres que entraban en aquellos sitios no lo hacían por su propia voluntad y supongo que para complacer a alguno de los hombretones que se encontrase allí. Nada más entrar, salí de aquel lugar que, como el resto del pueblo, olía fatal, aunque en este caso, esos olores se mezclaban también con el alcohol. A medida que me iba alejando de las callejuelas de ese pueblo medieval, el olor se iba disipando, se empezaba a oler la naturaleza; los árboles y las plantas que había, se podía escuchar el canto de algunos pájaros y el bullicio de la gente en las plazas y tabernas, quedaba tan lejos, que parecía que casi ni existiese.