Diario de un trotamundos_GS Diario_de_trotamundos_GS | Page 23
VISITA AL ANFITRIÓN……………………………………………………………………………………………………………….
Querido diario:
Cuando mi compañera de viaje y yo visitamos la Edad Media, y estuvimos investigando sobre
esta interesante época, tuvimos la suerte de conocer a un clérigo, un hombre mayor, con
calvicie y muy agradable, del estamento privilegiado, que nos ayudó a entender mejor cómo se
vivía en aquellos tiempos.
Durante los dos primeros días de visita, entablamos largas y tendidas conversaciones con él
en las cuales nos hablaba de muchísimas cosas y pudimos observar que era un hombre muy
culto, que poseía un gran saber y que tenía mucha información que nos interesaba saber.
Además, desmintió muchos de los mitos que se creen actualmente sobre la Edad Media.
También, nos habló sobre su oficio, cómo convivía con otros clérigos en el feudo eclesiástico, el
horario que llevaban, etc... Una vez nos guio a través del monasterio, nos enseñó los lugares
donde rezaba y donde realizaba muchas otras tareas, como cultivar sus propios alimentos o
criar el ganado. Nos hizo saber de los métodos que empleaba para transmitir todo su
conocimiento, y de cómo intentaba guiar a las personas hacia la salvación. Nos contaba
innumerables anécdotas e historias sobre su larga vida e incluso nos mostró cómo trabajaba.
Un día, al ocaso, de camino al lugar donde nos encontraríamos con él, pasamos por una callejuela
en la cual había dos mujeres cuchicheando entre susurros, evitando ser oídas, algo muy
sospechoso. Al vernos pasar, se giraron hacia nosotras y nos preguntaron que, hacia dónde
nos dirigíamos. Amablemente, les respondimos y nos advirtieron de algo: los clérigos no eran
siempre las personas que aparentaban, llevaban una mala vida, de fiestas, con mucha bebida
y, lo peor de todo, tenían una cantidad atroz de hijos bastardos, por tanto, nos convenía evitar
a toda costa acercarnos a ellos. Sus advertencias nos alarmaron, de pronto, nos entró un miedo
repentino, un escalofrío nos recorrió el cuerpo y entendimos por qué ese hombre había sido tan
amable con nosotras y decidimos no volver a encontrarnos con él.
Aunque sólo fueran rumores y las conversaciones que habíamos mantenido con ese hombre
habían sido de mucha ayuda y nos hubiera gustado saber más, no podíamos arriesgarnos a
salir malheridas de aquél viaje, volvimos a casa y comentamos nuestra experiencia, ahora
sabíamos más de lo que jamás hubiéramos esperado.