Con algo de miedo, metí mi pene sobre él, sin-
tió el golpe pero apretó con muchas fuerzas, yo sentí
como mantenía mi pene dentro de su ano y como quería
mantenerlo así por mucho tiempo. Quería sentir mi
semen en su boca, quería saborearlo como me había
saboreado de los pies a la cabeza, quería comerme
todito y saborearme todo lo que yo tuviera que darle.
No aguantaba las ganas de venirme de lo excitado que
estaba, él gritaba de lo excitado, me la mamó hasta que
me vine. Vi como se tragaba mi semen. Yo me doblé de
sentir como me venía en su boca, se los tragó, “saben a ti”.
Él quería terminar en mi pecho, yo le pedí que
me penetrara, se negó porque era mi primera vez, pero
en verdad quería hacerlo, no era por cumplirle o hacer
que se excitara más. Yo estaba boca abajo, con los ojos
cerrados
sintiendo
como
su
dedo
lubricado
pasaba por mis nalgas, como su boca me mordía. Inició
dedeándome para que empezara a sentirlo. Sentí un
dolor muy fuerte, grité y me abrazó, lo hizo despacio con
cariño, y yo así lo sentí. Quería dejar de ser virgen y le
pedí sentirlo dentro de mí. Tomé el condón, abrí la bolsa
y lo saqué, se lo puse y mis piernas en sus hombros. Fue
introduciendo su pene poco a poco, me penetró una y
otra vez en diferentes posiciones, al principio sentí que
me moría del dolor, después lo gocé al máximo. Acababa
de dejar de ser virgen y para rematar se vino en mi pecho,
sentía su semen muy caliente; los dos estábamos agita-
dos, nuestros corazones latían a mil por hora, la excitación
seguía, nos besamos y habíamos concluido el acto sexual.
Al terminar, recostados sobre la cama,
estábamos abrazados, sudados y sintiendo al máximo
lo que esa noche había pasado, llenos de semen nos
quedamos unas horas sintiendo mi primera vez y la
experiencia más hermosa hasta ese momento; lo abracé y
lo metí a bañar. Sin darnos cuenta habíamos hecho el amor
desde las 10 PM eran las 3 AM, pero estábamos felices.
No decíamos palabras, el agotamiento físico era
notable. Debajo de la regadera nos abrazamos y al sentir
las gotas caer en nuestros cuerpos, disfrutábamos como
mojaban y nos unían cada vez más. Los dos no dijimos nada,
sólo estábamos unidos el uno con el otro, el agua estaba
muy rica y nosotros así permanecimos un buen rato... nos
vestimos y salimos a caminar a la playa, ya casi amanecía.
Sentados los dos esperando el amanecer, lo besé... “te
adoro Julio, gracias por esta noche única... gracias a ti
por permitirme ser tú primera vez” y una ola nos arrastró.
Subimos al cuarto y ese día dormimos como recién
nacidos. Lamentablemente al siguiente día era nuestro
regreso, así que iniciamos a hacer maletas y todos sabían
que había dejado de ser virgen, digo no era un trofeo, ni era
un record, solo había dado un paso más a mi felicidad.