Durante años, el turismo ha medido buena parte de su éxito en número de visitantes, ocupación hotelera, gasto medio o generación de empleo. Son indicadores fundamentales, pero hoy el sector se enfrenta a una pregunta más profunda: ¿cómo conseguir que el crecimiento turístico genere bienestar no solo para quien visita un destino, sino también para quien vive en él?
La respuesta comienza a dibujar un nuevo modelo: integrar el bienestar como un componente estratégico de la actividad turística.
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