Desde, para y con el sentir Comofueradecasaenningúnsitio_TEASER | Page 16

16 Javier López El viajero concentra esos tropismos ancestrales: el gusto por el movimiento, la curiosidad por lo que desconoce, el culto de la libertad y la pasión por la improvisación. Fuera de su hogar el tiempo deviene en sorpresa y agrado, también peligro, pero puede más descorrer la cortina de lo que ignora para aprender que la prevención que le ata y paraliza. Michel Onfray nos advierte: «La existencia de un erotismo del viaje supone la superación de una necesidad natural a fin de suscitar un júbilo artificial y cultural. En el viaje, descubri- mos solamente aquello de lo que somos portadores. El vacío del viajero fabrica la vacuidad del viaje; su riqueza produce su excelencia». Viajar supone, por lo tanto, rechazar el empleo del tiempo laborioso de la civilización, en beneficio del ocio inventivo y feliz. Ese espacio de confort y tensión que nos ata hasta el próximo viaje. Vivimos en una época en la que la ciudadanía abandona esa zona de confort que es su casa y su entorno –me refiero a los que lo hacen de manera voluntaria–, para emprender un viaje como un supremo acto de modernidad. Cambiamos de paisaje para desintoxicarnos, para renovarnos, para cargar las pilas o desconectar (horrible expresión que denota cierta reducción maquinal). Sin embargo, nunca como ahora, hay tan pocos viajeros a la usanza de la tradición romántica, aventurera o científica. No consideramos el viaje de los Conquistadores, ya que si lo hiciéramos tendríamos que hablar de destrucción y saqueo, de esclavitud y racismo. El colonialismo masacró millones de seres humanos en aras de un supremacismo europeo que cambió la fisonomía de las colonias y reportó a Europa una considerable riqueza extractiva y una vergüenza moral que aún perdura y que no ha sido condonada. Los conquistadores fue-