DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 558
Salvador Borrego
Naturalmente que al tratar esto en Nuremberg sólo era una voz la que privaba y una
versión la que se oía. En otros muchos juicios menos conocidos se utilizó hasta la violencia
contra los acusados, y esto dio origen a una investigación realizada por norteamericanos. El
juez Edward Le Roy van Roden, jefe de una comisión investigadora, denunció el 14 de
enero de 1949 "los salvajes métodos por los agentes fiscales... apaleamientos y puntapiés
brutales; dientes arrancados a golpes y mandíbulas partidas".
Este juez —uno de cuyos hijos es aviador y estuvo prisionero en Alemania— acusó en
particular a los fiscales del tribunal aliado de Dachau, que condenó a muerte a numerosos
prisioneros alemanes.
Y así como los ahorcamientos de Nuremberg fueron un símbolo de la venganza judía,
la prisión de Spandau, en Berlín, es otro símbolo de que esta venganza arde como una
lámpara votiva. Allí estuvieron presos, durante períodos de diez a veinte años, Walter
Funk, Ministro de Economía; Karl Doenitz, ex jefe de la flota submarina; Baldur von
Schirach, jefe de la juventud hitlerista; Albert Speer, cuyo "delito" había sido elevar la
producción de armamento, y otros jefes del Gabinete.
A los reos de esa prisión les está prohibido escribir, escuchar radio, leer periódicos o
revistas. Se hallan sujetos a trabajos forzados y en los dos primeros años de reclusión
habían manufacturado 85,000 sobres. Lavan su propia ropa y sólo pueden recibir una
breve carta al mes.
Von Schirach y Speer salieron en 1966 y quedó solitario 'Rudolf Hess, nazi número 3
que voló a Inglaterra a ofrecer la paz.
En el desquiciamiento de la derrota, algunos antiguos jefes nazis abjuraron de Hitler y
de su lucha, como Frank y Von Schirach. Otros continuaron inalterables. El ministro de
armamentos, Speer, condenado a 20 años, fue interrogado sobre qué haría al quedar libre
y contestó: "Naturalmente que agitaré".
—¿Quiere usted decir que agitará para revivir la causa nazi?
—Por supuesto ¿por qué no?
El Almirante Karl Doenitz, de 53 años, comandante de los submarinos y luego sucesor
de Hitler, admitió que en septiembre de 1942 dio órdenes para que no se rescatara a los
supervivientes, pero tuvo que hacerlo así porque después del hundimiento del barco inglés
ahorcado; y como las espectaculares maniobras publicitarias del teatro "Ana Frank" y del teatro
contra Pió XII, "El Vicario".
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