DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Seite 505
DERROTA MUNDIAL
mejor de lo que le restaba. Retiró cañones, tanques e infantería del frente angloamericano
y los emplazó contra los soviéticos en el Río Oder. Pudo así reunir 2,220 cañones, pero
los rojos atacaban/con 22,000. Impulsada por un indeclinable espíritu de lucha la
Luftwaffe se había consumido casi íntegramente en los cielos de Europa y sólo oponía
una débil resistencia a los 8,400 aparatos que operaba la aviación roja, resucitada después
de las constantes dotaciones que recibió de las potencias occidentales. Los aviones
soviéticos hacían hasta 15,000 vuelos diarios. Muchos tanques alemanes carecían de
combustible y los que restaban en servicio eran superados a razón de 20 a 1; en algunos
sectores los bolcheviques utilizaban hasta 620 piezas de artillería y 200 tanques por
kilómetro de frente. Jamás en ninguna batalla se congregó tal masa de fuego.
Propiamente los atacantes ni maniobraban ni empleaban táctica alguna: todo se reducía a
ejercer presión hacia adelante confiando en su gran superioridad numérica.
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En esos días el ejército alemán constaba de 276 divisiones incompletas, alineadas en la
siguiente forma: frente germano-ruso, 150; Balcanes, 18; frente de Italia, 26; Noruega, 12;
Dinamarca, 3 y el frente occidental, 67. Pero de estas últimas la mayor parte se hallaban ya
desorganizadas o sin abastecimiento en tanto que sus oponentes divisiones inglesas,
norteamericanas, canadienses y francesas constaban de equipo nuevo y tropas frescas. El 8
de marzo (1945) Hitler retiró del frente de Italia al mariscal Kesselring y le encomendó el
frente occidental, acerca del cual le dio amplias explicaciones.
"Esta exposición de la situación, que se prolongó durante varias horas —dice
Kesselring—, demostró que Hitler estaba perfectamente al corriente de todos los detalles y
que nada le había pasado por alto".
Durante varias semanas Kesselring hizo esfuerzos por detener a los ejércitos americano,
inglés, canadiense y francés. Dice que "Hitler exigía que se mantuviera a toda costa aquel
frente, con la confianza puesta en sus defensas naturales, para ganar tiempo y lograr una
decisión en el frente del Este y poder lanzar a la lucha las nuevas armas secretas, de las
cuales venía hablando continuamente".
Por un acto cuyo móvil no ha sido aclarado, el puente de Remagen no fue volado el 6
de marzo y un misterioso personaje avisó a las tropas norteamericanas que podían
utilizarlo. Esto facilitó la invasión aliada de Alemania. Hitler, furioso, ordenó que un
consejo de guerra castigara a los saboteadores, pero no fue posible localizar a nadie.
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Apreciación Alemana de la Fuerza Aérea Soviética. Tte. Gral. Her-bert J. Rieclehoff, de la
Luftwaffe.
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