DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 489
DERROTA MUNDIAL
C A P I T U L O
X
El Fin de Hitler
(1945)
Dos Peligros que Conocía de Nombre.
Hasta la Última Gota de Sangre.
Hitler en su Última Batalla.
Incondicionalmente Hasta la Muerte.
Occidente Dinamita el Valladar Antibolchevique.
Desmantelamiento de Alemania.
Trato "Humanitario" a los Prisioneros.
Resurrección en Masa de Judíos.
DOS PELIGROS QUE CONOCÍA DE NOMBRE
A los 13 años de edad Adolfo Hitler perdió a su padre; dos años después, al morir su
madre, hizo, una maleta con su ropa y salió de su pueblo natal de Braunau, rumbo a Viena.
"Llevaba —dice él mismo— una voluntad inquebrantable en el corazón, yo quería llegar a ser
algo. Quería ser arquitecto". Mas esa mano invisible llamada Sino le impidió seguir esta
carrera deparándole cinco años de miseria. Luego el cataclismo de la primera guerra acabó
de rectificarle su camino. "Lo que entonces me pareciera una rudeza del destino —dijo más
tarde—, lo considero hoy una sabiduría de la Providencia. En brazos de la diosa miseria y
amenazado más de una vez de verme obligado a claudicar, creció mi voluntad para resistir,
hasta que triunfó esa voluntad. Debo a aquellos tiempos mi dura resistencia y también toda
mi fortale za. Pero más que a todo eso, doy todavía más valor al hecho de que aquellos años
me sacaron de la vacuidad de una vida cómoda para arrojarme al mundo de la miseria y de
la pobreza, donde debí conocer a aquellos por los cuales lucharía después. En aquella
época abrí los ojos ante dos peligros que antes apenas si conocía de nombre, y que nunca
pude pensar que llegasen a tener tan espeluznante trascendencia para la vida del pueblo
alemán: el marxismo y el judaísmo".
Hitler se forjó a sí mismo en el esfuerzo y el ideal. De sus aptitudes de observador
penetrante, de simplificador de problemas, de teorizante, de místico de su credo político y
de conductor de hombres fundió su propio carácter. Es raro que toda esas facultades se
den en un mismo ser. En él coincidieron y ese fue el origen de su personalidad. La
voluntad —núcleo o esencia personal que hace de los hombres dueños de sí mismos y de
las circunstancias— tuvo en Hitler una fuerza gigantesca que coordinó sus facultades y que lo
mantuvo inalterable y firme a través de las victorias y de las derrotas.
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