DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Página 457
DERROTA MUNDIAL
Los comisarios políticos del Ejército Rojo apuntalaban la moral de las tropas. Aquí
aparece uno, siendo interrogado por sus captores alemanes.
Mediante la ayuda de Roosevelt y Churchill los soviéticos contaban en 1944 con una
superioridad de 6 a 1 en tanques y de 10 a 1 en artillería, y 500 divisiones soviéticas
embestían sangrientamente a 176 divisiones alemanas. Sin embargo, lo mejor del ejército
rojo había perecido y las nuevas y heterogéneas reservas no explotaban al máximo su
abrumadora superioridad. En algunos sectores los rojos contaban hasta con 300 piezas de
artillería por kilómetro de frente. En la primera guerra se consideraba que 160 cañones por
kilómetro era ya algo formidable.
El desplome de Italia en 1943 y la invasión de Europa Occidental en 1944 forzaron a
Alemania a disminuir sus efectivos en el frente antibolchevique. Tres millones y medio de
hombres —que podían haber dado el tiró de gracia a la URSS— luchaban lejos del frente
ruso (1.995,000 en el ejército y 1.500,000 en las defensas antiaéreas y otros servicios).
El 22 de junio 146 divisiones de infantería y 43 brigadas blindadas soviéticas
embistieron sobre el grupo de ejercitos alemanes del mariscal Busch, en el sector central
del frente. Cuando una ola de atacantes era diezmada y quedaba exhausta, otra marchaba
inmediatamente atrás y la ofensiva no se interrumpía ni de día ni de noche. El mando
bolchevique pagó un elevado precio de sangre, pero abrió grandes boquetes y penetró hasta
los vastos bosques del oriente de Minsk, donde los alemanes habían copado a varios
ejércitos rusos al iniciar su ofensiva de 1941.
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