DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 448
Salvador Borrego
Guderian fue llamado por Hitler para que se hiciera cargo del desmantelado Estado Mayor
General: "Producía —dice Guderian— una impresión de agotamiento; una oreja sangraba
algo; el brazo derecho había quedado casi sin movimiento y estaba vendado.
Espiritualmente estaba asombrosamente tranquilo”; Agrega que a partir de entonces la
desconfianza de Hitler hacia el Estado Mayor General se transformó en odio; ya no creía
en nadie; y se volvió muy difícil tratar con él.
"Cierto que sus heridas apenas ofrecían peligro —
dice el coronel Skorzeny—, pero un hombre abrumado
por una responsabilidad tan aplastante, soporta peor
cualquier malestar, por ligero que sea, que un individuo
común y corriente. Moralmente, jamás llegó a reponerse
del golpe —más doloroso que las llagas abiertas en su
carne— que le producía la revelación siguiente: que
había, en el mismo seno del ejército, oficiales —e incluso
grupos-capaces de traicionar a su Caudillo y a su causa".
Martín Bórmann, secretario del Partido Nazi, escribía a
su mu|er "Imagínate: el atentado criminal contra el
Führer fue planeado ya en el año de 1939 por
Goerdeler, Canaris, Oster, Beck y los demás. Hemos
encontrado en una caja fuerte pruebas concretas sobre
este hecho... Todos nuestros planes referentes al ataque
en el Oeste fueron traicionados y entregados al enemigo,
tal como queda ahora demostrado por las pruebas que
tenemos en nuestras manos. ¡Parece imposible creer que
exista gente tan maligna y perversa!"
Rommel.- “Dentro de 25
minutos estaré muerto…”
En realidad, había dos clases de conspiradores: en primer lugar los que servían
intereses internacionales masónico-judíos. Desde antes de la guerra comenzaron su
encubierta conjura. Estaban encabezados por el Almirante Canaris, el general Ludwig Beck,
el banquero Schacht, el masón Goerdeler y otros de menos categoría. Y en un segundo
lugar-figuraban los generales que por falta de conveniente preparación política creían que
Alemania podía hacer la paz con Occidente o con la URSS, separadamente. Llegaron a
suponer que Httler era el único obstáculo, y ni la fórmula clara de "rendición
incondicional", acuñada por Roosevelt, los persuadía de esa ficción.
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