DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 433

DERROTA MUNDIAL Varsovia a fin de poder revelar libremente la increíble complicidad de Roosevelt con la URSS. Otro de los puntos que se trataron en la conferencia de Teherán fue el plan del judío Morghentau —secretario del Tesoro en el régimen de Roosevelt— para desmantelar a Alemania después de que ocurriera su rendición. Churchill pidió un trato menos duro para las provincias alemanas del sur, alegando que la población era allí menos belicosa y por tanto más fácil de ser absorbida. Según añade el propio Churchill en sus Memorias. Stalin apoyó el plan Morghentau. "Cuando tiene uno que enfrentarse con grandes masas de tropas alemanas —dijo— las encuentra a todas combatiendo como diablos, como pronto habrán de aprenderlo los británicos y los americanos... Fundamentalmente no había ninguna diferencia entre los alemanes septentrionales y los alemanes meridionales, porque todos los alemanes combatían como bestias feroces... El presidente Roosevelt se declaró calurosamente por el acuerdo. No había diferencia entre los alemanes. Los bávaros no tenían una casta de oficiales, pero por lo demás, eran exactamente como los prusianos, y esto ya lo habían descubierto las tropas americanas". En esa junta quedó asimismo de manifiesto que Stalin se proponía subyugar y comunizar a Polonia, Rumania, Hungría, y Checoslovakia. A pesar de esa evidente amenaza, dice el diplomático norteamericano William C. Bullit: "el Departamento de Estado empleó su influencia con los corresponsales y columnistas de Washington para dar nuevos toques de color rosa al cuadro soviético en Estados Unidos; todos los comunistas y sus simpatizadores secundaron, felices, la campaña para engañar al pueblo norteamericano acerca de la índole y metas de la dictadura soviética. 174 "Los jóvenes sensatos que conocían la verdad, pero que se preocupaban más por sus carreras que por su Patria, y que estaban prestos a declarar que Stalin había cambiado, fueron ascendidos rápidamente y se convirtieron en los explotadores despreciables del desastre norteamericano. El Departamento de Estado, el Departamento de Hacienda y muchas otras dependencias de épocas de guerra aceptaron en sus oficinas a los simpa- tizadores de los soviéticos. El Departamento de Guerra comenzó a admitir partidarios del comunismo y a permitir que los comunistas declarados sirviesen como oficiales con derecho a examinar la información confidencial. Se estableció en Washington una red de 174 Churchill dice en sus Memorias que en octubre de 1944, en media lonja de papel, le propuso a Stalin que la URSS se quedara con el 90% ie Rumania, con el 50% de Yugoslavia, con el 50% de Hungría, con el 75% de Bulgaria y con el 10% de Grecia. Stalin puso un signo de aprobación con su lápiz azul, y Churchill comenta sin sonrojos: "Todo había quedado arreglado en menos tiempo del que nos tomó sentarnos". 433