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DERROTA MUNDIAL
Varsovia a fin de poder revelar libremente la increíble complicidad de Roosevelt con la
URSS.
Otro de los puntos que se trataron en la conferencia de Teherán fue el plan del judío
Morghentau —secretario del Tesoro en el régimen de Roosevelt— para desmantelar a
Alemania después de que ocurriera su rendición. Churchill pidió un trato menos duro para
las provincias alemanas del sur, alegando que la población era allí menos belicosa y por
tanto más fácil de ser absorbida.
Según añade el propio Churchill en sus Memorias. Stalin apoyó el plan Morghentau.
"Cuando tiene uno que enfrentarse con grandes masas de tropas alemanas —dijo— las
encuentra a todas combatiendo como diablos, como pronto habrán de aprenderlo los
británicos y los americanos... Fundamentalmente no había ninguna diferencia entre los
alemanes septentrionales y los alemanes meridionales, porque todos los alemanes
combatían como bestias feroces... El presidente Roosevelt se declaró calurosamente por el
acuerdo. No había diferencia entre los alemanes. Los bávaros no tenían una casta de
oficiales, pero por lo demás, eran exactamente como los prusianos, y esto ya lo habían
descubierto las tropas americanas".
En esa junta quedó asimismo de manifiesto que Stalin se proponía subyugar y
comunizar a Polonia, Rumania, Hungría, y Checoslovakia. A pesar de esa evidente
amenaza, dice el diplomático norteamericano William C. Bullit: "el Departamento de
Estado empleó su influencia con los corresponsales y columnistas de Washington para dar
nuevos toques de color rosa al cuadro soviético en Estados Unidos; todos los comunistas y
sus simpatizadores secundaron, felices, la campaña para engañar al pueblo norteamericano
acerca de la índole y metas de la dictadura soviética.
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"Los jóvenes sensatos que conocían la verdad, pero que se preocupaban más por sus
carreras que por su Patria, y que estaban prestos a declarar que Stalin había cambiado,
fueron ascendidos rápidamente y se convirtieron en los explotadores despreciables del
desastre norteamericano. El Departamento de Estado, el Departamento de Hacienda y
muchas otras dependencias de épocas de guerra aceptaron en sus oficinas a los simpa-
tizadores de los soviéticos. El Departamento de Guerra comenzó a admitir partidarios del
comunismo y a permitir que los comunistas declarados sirviesen como oficiales con
derecho a examinar la información confidencial. Se estableció en Washington una red de
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Churchill dice en sus Memorias que en octubre de 1944, en media lonja de papel, le propuso a
Stalin que la URSS se quedara con el 90% ie Rumania, con el 50% de Yugoslavia, con el 50% de
Hungría, con el 75% de Bulgaria y con el 10% de Grecia. Stalin puso un signo de aprobación con su
lápiz azul, y Churchill comenta sin sonrojos: "Todo había quedado arreglado en menos tiempo del que
nos tomó sentarnos".
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