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DERROTA MUNDIAL
Acudiendo en auxilió de su aliado, Hitler envió al general Stumpff a la isla italiana de
Sicilia, con 250 aviones alemanes, bajo cuya protección el general Erwin Rommel
transportó a Noráfrica un cuerpo dé ejército alemán de 2 divisiones blindadas y una de
infantería, el cual (aún incompleto) entró en combate el 31 de marzo de 1941. El ejército
británico comenzó entonces a desandar el terreno que había ganado. .. Rommel se hallaba
en inferioridad numérica, mas decía que los soldados no deben contarse sino pesarse. En
sus primeros encuentros se valió de argucias para ocultar su debilidad; hizo que los ca-
miones de transporte se mezclaran entre los tanques para levantar polvaredas y aparentar
más contingentes, y tendió trampas de cañones 88, hacia los cuales algunos tanques "cebo"
conducían a los tanques británicos para destrozarlos.
Las tretas de Rommel y la decisión de sus tropas se impusieron en la primera
semana de combate. Los británicos se vieron pronto superados en habilidad operativa y
en recursos tácticos y cayeron en una emboscada que les costó la destrucción de su
segunda división blindada y de su tercera brigada motorizada, con lo cual prácticamente
desapareció la superioridad numérica que inicialmente tenían. Esta fue una derrota
abrumadora y Rommel los arrolló a través de 700 kilómetros de desierto. Los
recientemente ascendidos y condecorados generales Sir Richard O'Connor, Neame y
Combe, fueron vencidos tan súbitamente como ellos habían vencido a los italianos.
Los restos del Octavo Ejército inglés se replegaron desordenadamente hasta la
frontera de Egipto, donde nuevos refuerzos y equipo formaron prácticamente otro octavo
ejército. Con excepción del puerto de Tobruk los británicos perdieron todo el terreno
que habían arrebatado poco antes a los italianos.
Rommel pidió a los jefes italianos los planos de las defensas de Tobruk, para
atacar a los ingleses que se habían fortificado ahí, pero se negaron a dárselos. Tales eran
la envidia y el despecho que comenzaban a anidar en ellos. El escritor español Ismael
Herráiz dice en "Italia Fuera de Combate" que la increíble ineptitud del mando italiano
fue el punto de partida de la animadversión italiana contra el ejército alemán. Al ver que
los alemanes triunfaban rápidamente —afirma— los italianos se sintieron envidiosos.
"Del complejo de inferioridad se pasa a la envidia invencible, y de aquí al
abandono de todos los deberes, con tal de ver hundido a un gigante que humilla con su
sola presencia". La flota italiana de 140 barcos incluía siete poderosos acorazados, 19
cruceros y 60 destructores. Era más fuerte que la flota inglesa del Mediterráneo oriental y
diariamente se la elogiaba en Italia, pero si acaso salía de sus bases su principal
preocupación era eludir el encuentro con la flota británica. Inconcebiblemente fue la
única flota, de todos los países en guerra, que no llegó a participar en ninguna operación
de importancia.
Entre tanto, los transportes que llevaban abastecimientos a Rommel eran hundidos
tranquilamente por los ingleses. El Cuerpo Africano alemán llegó a la frontera de Egipto
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