DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | страница 306
Salvador Borrego
metros de distancia un perfeccionado "erizo" de varios cañones, pero nada de esto explicaba
la desaparición súbita de submarinos que se dirigían hacia los convoyes.
Mientras se averiguaba cuál era la nueva arma inglesa, la lucha proseguía en todos los
mares. El Almirantazgo Británico admitió haber perdido 145 buques durante junió y
Churchill reconoce que esas pérdidas "de hecho casi nos llevaron al desastre de una
indefinida prolongación de la guerra". El 14 de junió le cablegrafió a Roosevelt que en los
últimos 7 días había perdido 400,000 toneladas de barcos, "cifra sin paralelo en esta guerra
ni en la anterior". (Operaban entonces 121 sumergibles).
La situación era tan grave para Inglaterra que las flotas de Churchill y Roosevelt se
combinaron y dedicaron aproximadamente dos mil naves de todos los tipos y mil aviones
para combatir a los submarinos. Los aviones aliados comenzaron a aparecer por todas
partes, desde sus bases de Inglaterra, Irlanda, Islandia, Gíbraltar, las Bermudas,
Terranova y desde varios portaaviones. Las escoltas de convoyes se reforzaron más.
Barcos poderosamente artillados aparecían a veces disfrazados de inofensivos
cargueros. Los sumergibles se veían cada» día obligados a navegar más y más bajo el agua,
donde su velocidad se reducía a 13 kilómetros por hora. Ante la proximidad de un avión,
el submarino ya no podía sumergirse porque esta maniobra lo volvía inerme y era fácil
blanco de las bombas.
En auxilio de los submarinos, los "crucigramómanos" alemanes estaban siempre alerta
para escuchar; y descifrar los mensajes en clave de los aliados, a fin de averiguar la
formación y curso de los convoyes. , Luego guiaban hacia ellos a los sumergibles,
frecuentemente mediante señales radiogomométricas.
Los más extraños combates se trabaron entre submarinos y barcos ingleses de escolta,
como el del U-210, sorprendido en superficie (agosto 6} por el destructor "Assin iboine"; ya
no había tiempo de sumergirse y el U-210 le hizo frente con su pequeño cañón de popa.
Las dos naves se causaron daños, pero como los cañones del destructor eran varios y más
grandes, el submarino se acercó decididamente al barco y éste ya no pudo utilizar su
artillería porque los disparos más bajos que era capaz de hacer pasaban por encima del
sumergible. Entonces anduvieron sacándose vueltas: el U-210 trató de sumergirse, el
destructor lo embistió y lo averió, hasta que finalmente logró destruirlo con cargas de
profundidad.
Operando en "manadas" hasta de diez o veinte unidades, los "lobos" de Doenitz
seguían aplicando muy duros golpes pese a las enormes fuerzas desplegadas contra ellos.
Roosevelt, furioso, ordenó que la lucha se realizara sin atender ninguna de las limitaciones
humanitarias reconocidas hasta entonces. Esto fue lo que produjo la "guerra total" en el
mar.
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