DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 299

DERROTA MUNDIAL correspondientes radiotransmisoras, las cuales fueron ocupadas con gran sigilo para que no sospecharan nada los puestos-escucha de la URSS. De esta manera las transmisoras pu- dieron ser temporalmente utilizadas para enviar informes falsos a los soviéticos, como si los remitieran los espías rojos, ya capturados. Entretanto —no repuesta aún del extraordinario desgaste padecido el año anterior— la aviación alemana se vio en 1942 gravemente amenazada por las crecientes fuerzas aéreas de Churchill y Roosevélt. El nuevo año trajo, sin embargo, un nuevo aparato: el Foke Wulf 190 con motor enfriado por aire, de 14 cilindros y de 1,875 caballos de fuerza, capaz de volar a 680 kilómetros por hora. En diez minutos remontaba 8,000 metros. Sus 4 cañones de 2 centímetros de diámetro de tiro rápido, y sus dos ametralladoras pesadas de 13 milímetros superaban el poder de fuego del caza inglés "Spitfire IX". También era superior a éste en velocidad de ascenso y picada. Asimismo la técnica de las defensas antiaéreas había mejorado. Ya para abril de 1942 el radar alemán captaba los aviones enemigos desde que se aproximaban a Alemania, de tal manera que había bastante tiempo para acosarlos antes de que llegaran a sus metas. El radar inglés no le iba a la zaga, pues desde la costa británica podía seguir a los aviones alemanes que volaban sobre París. En los "centros de información y control" alemanes, sobre una pantalla de vidrio opalino de 10 metros de largo, se seguía el vuelo de los aviones enemigos y propios, tan sólo con una diferencia de sesenta segundos. Esa representación aérea se integraba eléctricamente gracias a las instalaciones de radar, a los puestos radiogoniométricos, a los puestos de escucha, a los aviones de observación y a los propios cazas combatientes. Mil peritos trabajaban en cada uno de estos "cerebros" que eran el sistema más moderno del mundo para controlar operaciones aéreas. Un nuevo dispositivo de defensa antiaérea determinaba la distancia y posición de cualquier aparato que se aproximara, lo cual hacía cada vez más difíciles los ataques británicos. La Real Fuerza Aérea necesitaba averiguar urgentemente cómo funcionaba la defensa alemana. Y un día un comando inglés desembarcó en la costa francesa, fue derecho hacia donde se hallaba uno de los secretos dispositivos alemanes de defensa y capturó valiosos datos para que Inglaterra pudiera reorganizar sus ataques. Heydrich, de los servicios secretos de la Gestapo, tuvo sospechas de una traición y de que andaba de por medio la mano de su colega el Almirante Canaris, jefe del servicio secreto militar. Primero casi intuitivamente, y después con base en una serie de pequeños detalles extraños que había observado, Heydrich suponía que Canaris era traidor desde 1939, pero como carecía de pruebas quiso observarlo un tiempo más. Sensible y astuto como pocos traidores de la historia, Canaris advirtió que Heydrich recelaba de él y trató de ganarse su confianza, pero no lo consiguió. Heydrich (de quien 299